Alberto Chiu
Alberto Chiu

Dice un dicho mexicano que nunca hay que pelearse con la cocinera de la casa, porque luego es capaz de echarle cualquier basura a la comida de uno. Pues igual podría aplicarse en este caso, digo yo, al asunto de la seguridad pública: ¿para qué buscarse problemas con los encargados directos de nuestra salvaguardia (los policías, de cualquier corporación), si luego pueden surgir entre ellos mismos las razones de la inseguridad?

Lo traigo a colación porque ayer estuvo en Zacatecas la doctora María Elena Morera Mitre, reconocidísima activista social que, luego de que su esposo fuera secuestrado y torturado, se dedicó de lleno al tema de la seguridad, al grado de fundar una asociación (Causa en Común A.C.) que se dedica precisamente a monitorear el estatus de la seguridad en todo el país, y a ofrecer diversos estudios y análisis al respecto, con base en la información oficial que cada gobierno emite, así como con la participación activa de la ciudadanía. Vamos, pues, que algo le debe saber al asunto.

En el marco de los foros anticorrupción que se realizan aquí -entre ellos, el de Coparmex que fue la instancia que le invitó-, la especialista y además invitada permanente del Consejo Nacional de Seguridad (CNS) del gobierno federal soltó una frase lapidaria: “…en el estado de Zacatecas uno de cada dos policías no son confiables”. ¿Preocupante? Por supuesto.

De acuerdo con las mediciones que Causa en Común tiene sobre nuestra entidad, y de la que lleva registro desde hace tiempo, el gobierno del estado es corresponsable directo “de la ineficiencia y la falta de confianza en los efectivos de las corporaciones de todos los niveles”. Y por supuesto, hizo responsable a quienes en este momento encabezan las instituciones del estado, desde el gobernador Alejandro Tello, hasta al secretario de seguridad Ismael Camberos y al procurador local Francisco Murillo.

Cierto, quizás no porque ellos hayan iniciado este mal en las corporaciones, pero sí les señala porque son en este momento las cabezas del sector, y por lo tanto sus acciones deben ser tendientes a contrarrestar lo que ella ha identificado como “maltrato” hacia los elementos policiacos, y además, falta de control sobre dichas corporaciones.

Las posiciones de la doctora Morera Mitre casi siempre han sido causa de molestia para políticos y funcionarios públicos que se ven o se sienten aludidos al señalarles ineficiencia o ineficacia o apatía o incompetencia en su labor, pero tratándose de la seguridad pública, estos señalamientos no se pueden dejar de lado, sobre todo luego de que aquí mismo hemos visto manifestaciones de elementos policiacos que reclaman, efectivamente, malos tratos, horarios o turnos abusivos, deplorables condiciones de trabajo en su armamento, equipamiento, alimentación, horarios de descanso, etcétera.

Es cierto, quizás el contar con policías que disfruten de mejores condiciones en general para realizar su labor y tener garantizada la seguridad social propia y de sus familias, así como el respaldo del gobierno ante contingencias -incluso la muerte- podría representar que los policías realizaran mejor su trabajo, con mayor compromiso, rechazando las oportunidades y actos de corrupción, y que además de pasar los exámenes de control y confianza, fuesen un verdadero soporte para la ciudadanía, conformando instituciones de respeto a la ley, y generando la confianza que la ciudadanía hasta el momento no tiene en ellas.

Está más que visto que el cambio de titular en la SSP del estado no lo fue todo, y ahora falta ver si es que las condiciones de trabajo de los policías se mejoran, y de ser así, si es que estos cambios también se reflejan en los índices de delitos en la entidad.

Y en estos cambios internos, no tiene nada que ver la federación, hacia quien señala Morera Mitre, se dirige la generalidad de los pretextos usados por las entidades, para tratar de justificar los bajos índices de eficiencia en la lucha contra la delincuencia. Ojalá que sus palabras hayan llegado a los oídos de quien corresponde, y éstos sean los indicados para hacer realidad aquello del “gobierno diferente”, que se distinga precisamente por mejorar la seguridad.


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