Alberto Chiu
Alberto Chiu

La educación en Zacatecas atraviesa, sin duda, por un momento muy difícil que pone en vilo el futuro de miles de niños y jóvenes de estas tierras, porque simplemente muchos o no tienen la manera de continuar sus estudios, o porque dejan la escuela y se dedican a otra cosa… o se van de aquí.

Las cifras otorgadas por los responsables de la Secretaría de Educación Pública (federal) y del Colegio de Bachilleres del estado (local) a NTR Medios de Comunicación son muy claras, y además de que reconocen la situación en que se encuentran muchos de nuestros jóvenes, deberían haber prendido ya las alarmas en cuanto a los programas y políticas públicas que desarrolla el gobierno del estado y la federación en cuanto a su ineficiencia, y la falta de otros programas transversales que les ayuden.

Hablar de que hay un 80 por ciento de cobertura educativa en la entidad deja a uno pensando cómo le hace el 20 por ciento restante para prepararse, sobre todo en aquellas regiones alejadas de los centros urbanos que, además, padecen condiciones de marginación y de inseguridad, donde parece ser demasiado fácil que se involucren en actividades delincuenciales porque ni hay trabajos ni hay escuelas.

Pero pensar que es un problema sólo de aquellas regiones es falso, pues también las cifras del COBAEZ, que revelan que un 36 por ciento deserta de sus estudios, y que la media estatal es un punto porcentual más alto, también en las zonas urbanas, ya habla de un problema mayor donde los principales afectados son, precisamente, todos esos niños y jóvenes que luego de desertar no logran reinsertarse en otra escuela, o tienen que “ayudar” al sostén de la familia, o se convierten en “ninis”, o… sí, adivinó, se enrolan en alguna clase de delincuencia.

Los factores combinados de falta de oportunidades laborales, falta de oportunidades para continuar los estudios, falta de recursos económicos para ello mismo y hasta para la subsistencia familiar, hacen más difícil que muchos jóvenes se sientan orillados a cualquier cosa, menos a estudiar, para salir adelante o para sacar adelante a sus familias, y así nos encontramos con familias enteras que trabajan o se dedican hasta a pedir limosna, o a subsistir de las migajas que alcanzan mediante algún programa social.

Además del reclamo social por la inseguridad, el otro gran reclamo que hemos escuchado en innumerables ocasiones es el de tener suficientes fuentes de trabajo, bien remuneradas, que permitan a las familias mandar a los hijos a la escuela. Por ello también se debe trabajar en programas combinados que promuevan tanto la creación de plazas laborales como la disponibilidad de educación en todos los rincones del estado. ¿Qué se está haciendo al respecto?

Quizás la unificación de las becas escolares en una sola entidad sea acaso una parte de la posible solución, pero hacen falta más cosas. Tal vez la apertura de otros centros escolares u opciones alternativas para los lugares poco poblados, como lo que se hace a través de Conafe, sea otra parte. Pero de todos modos sigue faltando el factor del desarrollo económico y social como complemento, para que dejen de desertar los estudiantes y se prevenga, hasta donde sea posible, su inactividad. El ocio es la madre de todos los vicios, dicen, y es más que cierto.

Sin duda habrá que revisar también el factor insoslayable de la calidad de la educación que se imparte, y dilucidar si ésta tiene que ver en el alto nivel de deserción, además de los factores antes mencionados. Estoy convencido de que mientras mejores maestros haya en las aulas, menos serán las ganas de dejar de ir a clases.

En fin, pues, que si se quiere poner énfasis en los programas de prevención del delito, ahí hay una veta bastante explotable, la de la educación ante todo, para darle herramientas a los niños y jóvenes para que salgan adelante sin necesidad de violentarse. Pero sin educación… ¿entonces cómo le hacemos?

 


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