MANUEL J. JÁUREGUI
MANUEL J. JÁUREGUI

No se lo dijo a Peña, no se lo dijo a Angela Merkel, no se lo dijo a Theresa May y tampoco a Macron; al ÚNICO líder al que Trump le dijo con evidente admiración “¡Es un honor estar con usted!” fue a Vladimiro Putin.

El mismo que invadió Ucrania, que asesina a sus oponentes, que apoya regímenes brutales como el de Siria que usa sustancias tóxicas contra su población, que lleva 17 años en el poder, que preside sobre una oligarquía corrupta, intolerante y represora de la disidencia.

Le profesó el Trumpón admiración a un tirano que sofoca la libertad de expresión en su país, que no tolera la crítica y que aplasta con violencia cualquier manifestación de desacuerdo con su régimen.

Y al que organismos de inteligencia y reportajes de investigación como los llevados a cabo por la “Dama de Gris”, el New York Times, acusan de haberse entrometido activamente en las elecciones norteamericanas.

Es algo que debe ser intolerable para los orgullosos norteamericanos, tan jactanciosos de su independencia y libertad.

La interferencia de una potencia rival de Estados Unidos –con ayuda norteamericana– en el proceso democrático es algo gravísimo desde el punto de vista legal y diplomático.

Que haya salido embarrado un hijo de Trump en coludirse con los rusos, según mails revelados por él mismo, anticipando el reportaje del NYT, es algo que pondrá en apuros al sistema político y legal norteamericano y a Trump mismo con todo y su administración de racistas y supremacistas, como el tal Steve Bannon.

Difícil será para sus lambiscochos republicanos defenderlo, pues esto ya raya en traición a la patria.

Entonces cuando Trump le dijo a Putin “Es un honor” reflejó lo que trae dentro, su miedo (igual es cierto que el Kremlin le tiene un dossier comprometedor) o bien salió a asomarse el dictador que trae dentro.

Está diciendo con esa zalamera introducción “quiero ser como tú”, y afirma con ello el Donaldo que Vladimiro Putin es su Chanoc, su “daddy”, su ídolo al que quiere emular e imitar.

¡Mala noticia para el pueblo norteamericano!

Con toda la mugre que está saliendo respecto al interés y las actividades de espionaje ruso por instalar en la Casa Blanca a un “amigo” simpático a sus intereses, bien se pueden obviar los norteamericanos las elecciones presidenciales en el 2020.

¡Simplemente que le pregunten a Putin a quién quiere de Presidente y ya!

Están pasando al norte del Bravo cosas inauditas, que nunca nadie que conoce algo de las tradiciones democráticas norteamericanas pudiera haber pronosticado.

La institución misma de la Presidencia está en riesgo, e igualmente en riesgo están la independencia e integridad del Poder Legislativo, del Poder Judicial, y esta polarización que han creado los dislates de Trump generará un sismo separatista –aún mayor– en la sociedad norteamericana, pues créanlo o no, estimados lectores, sigue habiendo seres descerebrados que apoyan a este troglodita político que ocupa la Oficina Oval.

Su soporte entre hombres blancos carentes de educación superior anda por encima del 80 por ciento, hablamos de un fanatismo que compra a ciegas lo que vende el Trumpón: xenofobia, aislamiento, superioridad racial de los blancos, soluciones fáciles (aunque falaces por completo), rechazo al libre comercio, a la integración al resto del mundo en la lucha contra el cambio climático, al derecho de un seguro médico al alcance de todos y toda la serie de bobadas que promueve la administración Trump y que han provocado una gran división en la sociedad norteamericana.

Al mismo tiempo poniendo en riesgo el liderazgo mundial del que antes gozaban los Estados Unidos y que en muy corto plazo el Trumpas ha hecho rodar por los suelos: lejos estamos de la admiración global, más o menos universal, de la que gozaban los norteamericanos.

Este hombre color naranja prácticamente ha unido al globo terráqueo, ¡pero en su contra!, ganándose el universal desprecio, al igual que su ídolo Putin.

En esto sí ha podido igualarlo.

 


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