Alberto Chiu
Alberto Chiu

El cobro de impuestos ha sido, desde siempre, un punto en el que la ciudadanía expresa generalmente dos sentimientos: acaso una muy leve satisfacción de cumplir con el deber de contribuir al sostenimiento de la entidad (claro, para aquellos que toman conciencia de la utilidad de los impuestos), y un gran tanto de molestia porque, generalmente, existe la percepción de que esos recursos en realidad ni llegan a donde deben llegar –sino a manos de unos cuantos–, y no se satisfacen las necesidades ciudadanas tan prometidas por los políticos como obra pública, seguridad, salud, educación, etcétera.

El no contribuir con los impuestos, a final de cuentas, supone que el gobierno –los gobiernos– no podrá hacer frente a esas necesidades, y por ello siempre una parte del discurso que escuchamos es que “es importante que todos cumplamos para poder exigir”. Sí, cierto, pero ¿qué pasa cuando la ciudadanía que cumple no ve retribuidos esos pagos? ¿Qué sucede cuando, a pesar de cumplir con la obligación, el gobierno finalmente se gasta el dinero en otras cosas, menos para lo que estaba destinado?

Peor aún, el sostenimiento de un enorme y obeso aparato burocrático que constantemente da muestras de ineficiencia hasta en los procesos o procedimientos más sencillos es, para los ciudadanos, una bofetada con guante de hierro, pues la gente espera al menos un buen trato o una atención esmerada en los servicios públicos, y no ser tratada como si los servidores públicos le estuvieran haciendo un favor. Debería ser al revés, totalmente.

Ahora ha salido, en Zacatecas, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) a señalar que, mientras el secretario de finanzas, Jorge Miranda Castro, echa las campanas al vuelo porque se recaudó más en esta ocasión, los empresarios han resentido duramente nuevos impuestos, eliminación de exenciones, o el aumento en algunos otros…

Pero no solamente eso, sino que además reclaman que haya ineficiencias o falta de programas específicos para administrar adecuadamente esos recursos. Y ahí es donde entra el problema de la llamada “discrecionalidad” que, muy holgadamente, luego aprueban los diputados locales cada fin de año, para cederle al Ejecutivo las posibilidades de mover de aquí para allá millones de pesos, reorientar dineros a otros rubros, etcétera.

La mayor paradoja está en que el gobierno se festeje por haber logrado cobrar más de los contribuyentes, pero al mismo tiempo no se refleje en beneficios tangibles para la sociedad. Incluso para los propios trabajadores gubernamentales, quienes –por ejemplo– en cuanto Miranda Castro anunció el “éxito recaudatorio”, expresaron severamente que “a ver si ahora ponen la excusa de que no hay dinero, para que nos sigan reteniendo los apoyos”.

Tendrá que venir pronto un balance entre lo ingresado a las arcas y lo invertido no sólo para mantener el aparato funcionando, sino también en aquellos rubros que más lo requieren en Zacatecas, que se repiten hasta el cansancio: seguridad, generación de empleo, educación, salud. Y para que el balance sea positivo, será la gente quien exprese si el gobierno hizo bien su trabajo, o si sólo los ciudadanos cumplieron, pero el gobierno no.

Recién se anunció que ésta es una época de mayor transparencia y rendición de cuentas, nos hemos enterado –por ejemplo– de cómo una buena cantidad de millones de pesos se destinan –porque se sigue haciendo– a los llamados “bonos de productividad y eficiencia” de funcionarios, y que son distribuidos a discreción del Ejecutivo. Y se ha molestado el gobierno por esta exhibición de que fue objeto, justificándose con que son “bonos legales”.

Aquí no se trata de que sean legales o no, ni de si los funcionarios tienen derecho o no a que sea premiada su productividad, como en cualquier otro lado. De lo que se trata es de que justamente la gente no ve esa productividad, y sí siente –como trancazo en el bolsillo– el pago de las contribuciones. No lo ve justo… y me parece que no lo es, cuando sigue faltando agua en las casas, cuando falta cobertura educativa y de salud, y cuando sigue ausente la paz y la tranquilidad de una gran parte de la población. Hay que ser parejos, no frieguen


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