Armando Fuentes
Armando Fuentes

Augurio Malsinado fue a un burdel. Este pobre infeliz, ya lo sabemos, es perseguido de continuo por un hado adverso. Casi todo le resulta mal, y lo que no le resulta mal es porque de plano no le resulta. Hace unas noches, como dije, fue a un lupanar. Contrató los servicios de una daifa y le pagó por adelantado sus servicios. Ya en el cuarto donde tendría lugar la contraprestación el desdichado joven intentó abrazar a la pindonga. Ella lo rechazó. Le dijo: “No en nuestra primera cita”. Empédocles Etílez, ebrio consuetudinario, estuvo en una fiesta. Al día siguiente le preguntó su esposa: “¿Te divertiste anoche?”. Respondió el temulento: “Me dicen que sí”. Un cierto amigo mío tiene ideas que me escandalizan, por más que no suelo escandalizarme fácilmente. Dice, por ejemplo, que hay tres grandes negocios en el mundo: las drogas; las religiones y el futbol. Las drogas atraen, opina, porque están prohibidas. Es cierto: nunca hubo tantos borrachos en Estados Unidos como cuando se prohibió el alcohol. Según mi amigo las religiones tienen su origen en el temor de los hombres a la muerte y en el desconocimiento de lo que sigue después de ella. También se basan en la amenaza de un castigo eterno y en la esperanza de salvarse de él, esperanza que se volvió la mejor mercadería. El futbol, por su parte, ofrece a las masas la ocasión de escapar de la realidad siquiera sea por 90 minutos. No hay deporte, afirma, tan comercial y comercializado como el soccer. Para hacer que la gente vaya a los estadios se organizan copas de oro, plata, bronce, estaño, latón, plomo, hierro, cobre, acero, níquel, mercurio, vanadio, cromo, manganeso, titanio, bario y zinc. También hay copas de las naciones, de los países, de los pueblos, de las repúblicas, de las metrópolis, de las federaciones y confederaciones. Todos los campeonatos son objeto de atención universal, lo mismo el de Europa que el de Timbuctú. En ese mundo de patadas –y en este país nuestro, tan de la patada– estás condenado al ostracismo si no sabes de futbol y no puedes decir en qué lugar de la tabla va el Milán y cómo le fue en su último partido al Cruz Azul. “Ignoro –comenta mi amigo– si eso es bueno o malo. Lo que sé es que es, y todas las cosas que son se explican solamente por el hecho de ser”. No alcanzo a comprender esas filosofías, pero sí entiendo que los humanos hemos necesitado siempre algo que nos permita huir de la realidad y de nosotros mismos. Las drogas, la religión y el juego nos proporcionan esa posibilidad de evasión. Y aquí se manifiesta la heterodoxia de mi amigo: dice que de esas tres cosas la que menos daño ha hecho es el futbol. “Ha habido guerras por las drogas –dice–, y no se diga por motivos de religión, pero en el futbol a lo más que se llega es a que los hinchas de dos equipos rivales se mienten la madre y se la partan, y aquí paz y después gloria”. Me escandaliza mi amigo, vuelvo a decirlo, con sus opiniones. Pero a él le gusta escandalizar, y a mí me encanta ser escandalizado. Doña Macalota, la esposa de don Chinguetas, llegó a su casa al término de un viaje. Iba contenta, pues pudo adelantar su vuelo un día. Al llegar a su casa escuchó ruidos extraños en el cuarto de la criadita. Abrió la puerta, y lo que vio le quitó el contento que traía: he aquí que la muchacha estaba completamente en peletier, quiero decir desnuda, y frente a ella se hallaba don Chinguetas. No se azaró el bellaco a la vista de su mujer. Con toda tranquilidad le dijo a la muchacha: “Está bien, Marilina: me has comprobado ya que no tienes ropa qué ponerte. Pero el aumento de sueldo que me pides tendrás que tratarlo con mi esposa”. FIN.

 

MIRADOR

 

Cuando me ves existo.

Cuando dices mi nombre soy.

Sólo tengo palabras cuando me oyes, y sólo tengo pasos cuando voy a ti.

Si no estás tú conmigo yo no estoy.

Soy mío porque soy de ti.

Vivo porque tú vives. Si tú no fueras yo no sería.

Sé del amor porque te amo.

Sé del dolor porque me dueles.

Sé de la ausencia porque no estás aquí.

Mírame para que yo pueda verme.

Háblame para que pueda oírme.

Vive para que yo pueda vivir.

Ámame. Sólo si me amas podré ser.

¡Hasta mañana!…

 

MANGANITAS

 

“. Son muchos los diputados que hay en México.”.

De toda la población,

según datos comprobados,

la mitad son diputados

y la mitad no lo son.


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