Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ayer en el Congreso del Estado de Zacatecas se aprobó, unos días antes de que venciera el plazo para hacerlo, el último paquete de normas jurídicas que, según se dijo, darán vida al llamado Sistema Estatal Anticorrupción, estructura que –al menos en teoría, démosle el beneficio de la duda– podrá tanto vigilar y prevenir la comisión de actos de corrupción, como castigar a aquellos funcionarios que fuesen partícipes de la misma. Y castigarlos duramente, dijeron los diputados.

Ahora bien, junto con la aprobación de estas nuevas leyes –la de Justicia Administrativa y la de Fiscalización Superior del Estado–, se viene encima la próxima selección y nombramiento de un número de personas que tendrán en sus manos precisamente la aplicación de dichas normas. O sea, serán los garantes de que el Sistema funcione, de que se investiguen bien las acusaciones de corrupción, y de que se sancione de manera efectiva a los corruptos.

A saber, por lo menos habrá que nombrar a un Fiscal General, a tres Magistrados del Tribunal de Justicia Administrativa, a quienes participarán en el Comité Coordinador del Sistema y en el Comité de Participación Ciudadana, y finalmente a quien quede a cargo del Secretariado Técnico del Sistema. ¡Uff! ¿Otra elección? Pues sí… y téngalo por seguro que a esta hora ya debe haber un montón de personas aspirando y suspirando por estos nuevos encargos. La vida dentro del presupuesto es muy atractiva.

Se supone que esta selección de candidatos idóneos tiene que hacerse este mismo año, y tendremos que estar muy atentos todos –los ciudadanos en general– sobre quiénes son los propuestos, quién los propone, cuál es su bagaje académico y laboral, cuál su currícula social, y como decimos coloquialmente, “qué jabón los patrocina”.

Y es que en estos casos, como siempre, no falta que exista la tentación de los grupos de poder –ya sean los partidos políticos o subgrupos dentro de éstos– de intentar colocar ahí a personas afines, con el cochino objetivo de que puedan ser relativamente manipulables o, en un dado caso, puedan inclinar la balanza de tal forma que a los grupos de poder no les alcance la espada de la justicia.

¿Estaremos listos los zacatecanos para defender que quienes sean nombrados a estos cargos, y quienes participen en general en el Sistema, estén comprometidos verdaderamente con la sociedad, y no con intereses mezquinos de esos grupos? ¿Cómo vigilaremos que quienes accedan a tales puestos en verdad tengan al menos la intención de velar por el cumplimiento irrestricto de las leyes?

Si tal como señaló el investigador universitario Francisco Muro, en el marco del foro de la Estrategia Nacional de Cultura Cívica (Encívica), promovida por el INE, la sociedad civil zacatecana es de las más desorganizadas (y me parece que tiene mucha razón), entonces la tarea de participar al menos en la supervisión de los nombramientos arriba señalados… está en chino. La apatía que luego nos caracteriza ha sido, y tal vez seguirá siendo, la causante de muchos de nuestros males. Y tratándose de corrupción, ni se diga. Es su motor principal.

Ojalá que tras la aprobación de las leyes del Sistema Estatal Anticorrupción, los pocos y desorganizados grupos de la sociedad civil logren enterarse a tiempo del tema, ojalá que participen las universidades, los colegios de profesionistas, las cámaras empresariales, las organizaciones no gubernamentales, ciudadanos por su cuenta… y no le dejen todo el paquete (ni todo el pastel) a los grupos de poder que querrán quedarse con todo a su conveniencia.

Sobre los próximos candidatos a esos puestos caerá el peso de la lucha anticorrupción, y no deberán temblarles las corvas a la hora de sancionar, de ahí que es preciso que no estén amarrados por quienes, durante años, se han aprovechado del sistema para beneficiarse personalmente. Y ojalá sean resistentes también a la propia corrupción, pues seguramente ya habrá quien esté maquinando cómo vencer al sistema, corrompiendo a quienes lo integren. No está fácil, pero no es imposible.

 

 


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