Juan Manuel Rivera Juárez Y Elva Cabrera Muruato
Juan Manuel Rivera Juárez Y Elva Cabrera Muruato

(parte 1 de 2)

A partir de esta publicación hablaremos de la obra y la vida de un grupo de científicos que perdieron la batalla contra la depresión y se suicidaron. El lector tendrá la oportunidad de valorar si fueron aspectos relacionados con la ciencia o situaciones personales las que los llevaron a tomar esa decisión.

Paul Ehrenfest nació el 18 de enero de 1880, en Viena, y creció en la misma ciudad en el seno de una familia judía originaria de un pueblo de Moravia. Fue el menor de cinco hermanos; el mayor, Arthur, tuvo gran influencia en despertar el interés del pequeño Paul por los rompecabezas matemáticos y por entender el funcionamiento de diversos dispositivos; gracias a él, se familiarizó, desde niño, con algunos conceptos científicos.

En su familia no se seguían las tradiciones judías, pero no por eso dejaron de ser víctimas de discriminación y abuso. No disfrutó de una niñez feliz, sufría frecuentemente mareos y sangrados por la nariz, y recibía comentarios antisemitas.

Sus primeros años de estudio fueron difíciles, sobre todo por la pérdida de sus padres. Su madre murió en 1890 y su papá seis años más tarde. Ehrenfest sufrió en su niñez de severas depresiones relacionadas con amargas experiencias en la escuela, por lo que tiempo después, como padre, insistiría en educar a sus hijos en casa.

Ya en la universidad, se vio atraído por la física teórica, guiado por Ludwig Boltzmann, quien le transmitió la esencia de esa disciplina. En esos tiempos se acostumbraba que los estudiantes en países de habla germana visitaran varias universidades y Ehrenfest hizo lo propio: en 1901 se trasladó a Gotinga, donde permaneció año y medio.

Esta estancia resultó muy enriquecedora, fue un lugar de estudio ideal por sus actividades de enseñanza, la camaradería, la presencia de muchos compañeros de otros países y, sobre todo, por las intensas discusiones que ocurrían durante las reuniones semanales de los estudiantes. Fue ahí donde Paul desarrolló su independencia científica y se preparó para el inicio de sus propias investigaciones. Ahí conoció a Tatiana Alexeyevna Afanassjewa, quien también tenía un fuerte espíritu independiente y una fascinación por los fundamentos de las ciencias exactas. Después de dos meses de haber llegado a Gotinga, decidieron casarse, aunque esperarían primero a terminar sus estudios.

Regresó a Viena a terminar sus estudios bajo la dirección de Boltzmann. Terminó su doctorado en junio de 1904 y enseguida se casó con Tatiana, en esa misma ciudad, pero con el plan de vivir, en un futuro, en la tierra natal de su esposa. Las leyes austro-húngaras prohibían el matrimonio entre judíos y cristianos, por lo cual ambos tuvieron que declararse no practicantes de religión alguna.

Después de doctorarse, Ehrenfest continuó estudiando en la Universidad de Viena, atendiendo el seminario de Boltzmann y empezando a desarrollar sus propias ideas en torno a la mecánica estadística y su conexión con la teoría de la radiación de Planck. En ese momento no era prioritario encontrar una posición académica con ingreso fijo, pues él y Tatiana podían vivir de pequeños ingresos que habían heredado, aunque Paul tenía la esperanza de obtener una posición académica en Gotinga.

En el otoño de 1907, él y Tatiana decidieron que ya era momento de mudarse a San Petersburgo. Pero se encontró con que el clima intelectual en la Universidad de San Petersburgo era muy pobre; entre otras cosas, no se estimulaba la investigación original. Ehrenfest trató de dotar de un nuevo espíritu a la física en aquella ciudad organizando conferencias informales cada dos semanas (por lo general en su propia casa), lo que fue un antecedente del coloquio que años después establecería en Leiden.

En enero de 1912, inició un recorrido por las principales universidades de habla alemana. Para entonces contaba con varias publicaciones importantes y en la comunidad científica de físicos teóricos su nombre era suficientemente conocido y su trabajo contaba con buena reputación. Sin embargo, no tuvo éxito en encontrar alguna posición como profesor. En este peregrinar, en Praga, conoció a Einstein, con quien sólo había tenido alguna breve comunicación previa, pero ese encuentro sería el inicio de una larga y poderosa amistad. Tenían casi la misma edad, linaje judío, los mismos intereses científicos y compartían su antipatía hacia las formalidades.

Einstein estaba por dejar su puesto en Praga para regresar a Zúrich y consideró que Ehrenfest era la persona ideal para sucederlo en la vacante que dejaría. Sin embargo, la rectitud de Paul canceló toda posibilidad. Su negativa a abandonar su declaración previa, cuando se casó con Tatiana, en el sentido de no adherirse a ninguna religión, lo eliminaba como candidato según las rígidas regulaciones de la universidad.

Para su fortuna, al regresar a San Petersburgo, lo aguardaba una agradable sorpresa: una invitación de Lorentz a sucederlo como profesor de física teórica en Leiden (en 1903, Ehrenfest hizo una breve visita a Leiden y tomó unos cursos con Lorentz). Lorentz había considerado en primera instancia para su sucesión a Einstein y al joven y brillante Peter Debye, pero ante la imposibilidad de que ellos lo sucedieran, y apreciando la claridad del trabajo de Ehrenfest y el hecho de que sus intereses fueran muy cercanos a los suyos, en temas como la teoría de la relatividad, la mecánica estadística y la reciente problemática cuántica, no dudó en invitarlo. El 25 de septiembre de 1912, Paul fue nombrado catedrático de física teórica en la Universidad de Leiden, donde ejercería un fructífero profesorado por más de 20 años.

Ehrenfest se distinguió desde el principio por sus cualidades pedagógicas y críticas. Los estudiantes se beneficiaban en gran medida del trato personal que les ofrecía. En su conferencia inaugural, en diciembre de 1912, enfatizó que buscaría el contacto personal con sus estudiantes. Lorentz reconocía, poco después de esa conferencia, que Paul había logrado en poco tiempo lo que él había intentado, pero nunca conseguido como profesor: hacer hablar a los alumnos. Ahora éstos podían expresarse con toda confianza y Ehrenfest compartía con ellos sus mismas pasiones y sus mismas áreas de interés. La física y la vida fuera de la física no eran cosas diferentes para él. Las preguntas que cada estudiante se planteaba sobre su existencia, Paul las asumía también.

A pesar de la buena impresión que sus alumnos tenían de él, Ehrenfest no dejaba de dudar de sus cualidades. La imagen negativa que tenía de sí mismo se evidencia en muchas de sus comunicaciones con sus colegas. Argumentaba, en una de esas cartas, dirigida tanto a Lorentz como a Debye, que este último habría sido mucho mejor elección como sucesor de Lorentz. En otra, dirigida a su alumno Jan Burgers, se refería a la brecha generacional que sentía de manera cada vez más intensa: “siento ahora que pierdo rápidamente todo contacto con los más jóvenes y que me siento más viejo; cuál es la causa y cuál el efecto es algo que no sé”. Desde estos momentos empieza a valorar su trabajo como intrascendente y quizás a entrar a un estado de depresión, la que lo llevará el 25 de septiembre de 1933 a tomar una decisión dramática.

Estableció en Leiden un coloquio semanal que se convertiría en algo esencial en el calendario de los físicos holandeses y que con el tiempo tuvo una gran influencia en el estilo de hacer física teórica en todo el mundo. En estas reuniones semanales, logró reunir a estudiantes, profesores e investigadores para escuchar ponencias sobre nuevas investigaciones y, sobre todo, para discutirlas. Ehrenfest siempre estaba presente, procuraba hacer preguntas que llevaran la discusión hacia los puntos esenciales del tema tratado y planteaba sugerencias o reformulaciones de lo presentado. Uno de sus alumnos, Uhlenbeck, quien se convertiría en un destacado físico, resumió la esencia de las reuniones y el papel de Paul en las mismas: “era una experiencia educativa (a veces un poco dolorosa si tú eras el orador) escuchar a Ehrenfest resumir la discusión y en ocasiones toda la plática, de tal manera que, al final, todos, el orador incluido, entendían de qué se había tratado”. Los estudiantes podían asistir por invitación expresa de Paul, quien requería de ellos asistir regularmente, pues de lo contrario ya no eran admitidos, pues para él no asistir con regularidad una vez que un alumno era invitado era un claro indicador de que carecía de un compromiso total hacia la física.

Con respecto a su especial talento para dar clase, cuando impartió en 1910, en el Instituto Politécnico de San Petersburgo, un curso sobre ecuaciones diferenciales en la física matemática, para su amigo Joffe aquellas lecciones fueron maravillosas, y las describiría años después: “ninguna presentación de esta disciplina clásica había combinado jamás la física y las matemáticas en semejante unidad armoniosa”. Einstein comentó: “no era simplemente el mejor maestro que he conocido en su profesión, estaba también apasionadamente preocupado por el desarrollo y el destino de los hombres, especialmente de sus alumnos; para ganar su amistad y su confianza, y entenderlos, les ofrecía cualquier ayuda y se envolvía en las luchas interiores o exteriores para fomentar el talento joven. Todo esto era lo más importante para él, casi más que su inmersión en los problemas científicos”.

 

jmrivera@fisica.uaz.edu.mx

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