NATALIA PESCADOR | NTRZACATECAS.COM
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JESÚS MARÍA. Seis cartas de la baraja novilleril se presentaron este domingo en el Lienzo Charro Xonacatique del municipio de Jesús María, donde se desarrolla la Feria de los Chicahuales.

Con ilusión y determinación a cuestas hicieron el paseíllo José María Hermosillo, Cristian Antar, Baruch Arreola, José Miguel Arellano y Juan Pedro Herrera; cabe señalar que Ricardo de Santiago no participó en el concurso por ser novillero sin caballos.

El triunfador del festejo fue José María Hermosillo tras el corte de una oreja, llevándose el trofeo en disputa.

El hidrocálido reapareció este domingo tras la grave cornada que sufrió el 14 de mayo en el municipio de Pedro Escobedo, Querétaro.

Quien también dejó un grato sabor de boca fue el potosino Ricardo de Santiago, quien dejó ver sus buenas maneras con el cierra plaza, ratificando así su buen paso que lo llevó a convertirse en la revelación de la Temporada Chica de la Plaza México denominada Soñadores de Gloria.

José Miguel Arellano también realizó un buen papel, teniendo una sólida actuación que lo llevó a dar una merecida vuelta al ruedo tras perder la posibilidad de tocar pelo por las fallas con la espada.

El festejo abrió con la lidia de Chicahual, de 369 kilos, que correspondió al triunfador José María Hermosillo, quien bregó para acomodarse hasta hacerse del novillo de El Batán, que fue áspero de inicio; media verónica con sentimiento para cerrar su saludo.

El triunfador de la temporada de San Marcos se fundió en un quite con vistosidad para después de pedir permiso a la autoridad, brindar la muerte del toro a los matadores Héctor de Granada y Jacobo Hernández.

Con la figura espigada, se fue asentando con la muleta Hermosillo, quien toreó con suavidad por la diestra, buscando la claridad del novillo que fue repetitivo, pero que tuvo como defecto embestir a media altura. El novillero lo ayudó mucho, demostrando claridad de ideas.

Por el izquierdo cuajó buenos naturales, acompañado con la cintura para firmar dos buenas series. El novillo fue a menos y Hermosillo tuvo que robarle los muletazos, siempre con poder y verdad. Mató de estocada ligeramente desprendida para tras la petición cosechar la primera oreja del festejo.

Otomí, de 364 kilos, fue el segundo de la tarde, para el novillero Cristian Antar que cuajó buenas verónicas en el saludo capotero, con la muleta tuvo seguridad y solvencia.

El mexiquense construyó una faena con interés y transmisión para la afición, pero el novillo fue a menos y comenzó a regatear las embestidas. Errático con el acero, escuchó las palmas del respetable.

El tercero del festejo fue Volcán, de 360 kilos, para el novillero Baruch Arreola, quien fue breve con el capote.

Tras la suerte de varas llego un buen quite de José Moguel Arellano por saltilleras, siendo la réplica del moreliano por tafalleras. En la muleta, Arreola puso mas valor que buenas maneras, evidenció su verdor y reflejó poca confianza ante el novillo de El Batán, que también terminó por ir a menos, buscando el refugio de las tablas.

El novillo le anunció la voltereta que llegó antes de culminar su labor, siendo ésta sin consecuencias. Bernardinas para cerrar su actuación, tuvo fallas con la espada y saludó en el tercio.

Agua Clara, 376 kilos, fue el cuarto novillo de la tarde y correspondió a José Miguel Arellano, que puso lo mejor en su variedad con el capote, verónicas asentadas y un brindis sentido a su padre, Alfredo Arellano, fueron el prólogo de su faena muleteril que comenzó con doblones, tomando el engaño con suavidad y firmeza para correr la mano a placer, recreándose sobre todo con los naturales de nota que dejó y provocaron los olés del respetable, siendo el fiel reflejo de su paso formativo de la Escuela de Tauromaquia de Madrid.

Arellano tuvo además la colaboración del novillo, sin embargo, la colocación de la espada le privó de tocar pelo, siendo premiado por el respetable con una vuelta al ruedo.

El quinto del festejo llevó por nombre Gente Buena, de 375 kilos, y tocó al hidrocálido Juan Pedro Herrera, quien derrochó voluntad y ganas de agradar, destacando con las banderillas; con la muleta, teniendo más dudas que aciertos, lo llevaron a recibir dos arropones, salvándose en ambos casos de la cornada. Muy verde se vio Herrera, que le costó mucho encontrar el sitio y la distancia. Saludó en el tercio tras fallar con la espada.

Cerró actuación el potosino Ricardo de Santiago, quien aún es novillero sin caballos; cadencia con el percal, verónicas dibujadas y un vibrante quite por zapopinas fueron su carta de presentación ante la afición hidrocálida.

Trovador fue el nombre del buen novillo de El Batán, al que De Santiago le cuajó una faena de clase y temple. El bueno toreó se hizo presente cuando lo llevó con muletazos deletreados por pitón izquierdo, calando también con fuerza cuando imprimió la hondura con series hilvanadas por el derecho. Pinturería en los remates finales y pases en redondo con sentimiento; con la espada estuvo certero para cortar una oreja de valía.

 


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