JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ* Y ELVA CABRERA MURUATO*
JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ* Y ELVA CABRERA MURUATO*

(parte 2 de 2)

De acuerdo con Uhlenbeck, lo que hacía que las lecciones de Ehrenfest fueran tan excelentes era, en parte, su claridad: siempre se esforzaba por reconocer y resaltar el punto crucial del argumento. El énfasis siempre aparecía en las ideas físicas y la estructura lógica de la teoría. Tal vez sus alumnos no aprendían mucho “cómo calcular”, pero sí “aprendíamos cuál era la esencia del problema… los fundamentos los desarrollaba cuidadosamente y los taladraba en nuestras mentes”.

Ehrenfest promovió al grado doctoral a varios estudiantes, entre ellos los más destacados fueron Burgers, Kramers y Coster. Burgers recoció el talento de su maestro con las siguientes palabras: Ehrenfest nos enseñaba cómo leer artículos científicos, identificar los supuestos hechos por el autor, y descubrirlos cuando no eran dados en forma explícita. Su poderosa mente analítica abría nuestros ojos a muchas sutilezas de la teoría física. Siempre se esforzó por encontrar interpretaciones de nuevas ideas y tenía medios efectivos para la ilustración de sus peculiaridades (…) Ehrenfest abarcaba y enseñaba física teórica como un todo (…).

Un alumno muy especial de Ehrenfest fue quien años después se convertiría en Primer Premio Nobel de Economía: Jan Tinbergen, quien estudió primero física teórica bajo la dirección de Ehrenfest. Tinbergen también reconoció el talento de su maestro: a Ehrenfest le debo mucho. Estudié física en una época en la que se encontraban juntas varias personas fascinantes. Gracias a él pude participar en discusiones con Albert Einstein. También estaban presentes Kamerlingh Onnes, Lorentz y Zeeman. Ser un estudiante en manos de tales maestros es ser en verdad muy afortunado.

Finalmente, uno de los últimos estudiantes doctorales de Ehrenfest que gozó de gran éxito profesional, convirtiéndose en uno de los grandes físicos teóricos holandeses, fue Hendrik Casimir.

Ehrenfest fue conocido entre la comunidad de físicos teóricos como El Sócrates de la Física Moderna. Es difícil resumir todo lo que Ehrenfest significaba para sus alumnos, pero la siguiente nota de Uhlenbeck, cuando, ya trabajando en Ann Arbor, Michigan, en 1930, es muy representativa del aprecio de sus alumnos: ¡Se te necesita aquí! (…) Te alegrarás mucho cuando te des cuenta de la manera en que hemos intentado introducir tus ideas aquí, y particularmente de que hemos tenido al menos un poco de éxito. Y para la continuación de nuestro trabajo es realmente muy importante que vengas aquí y que muestres cómo se puede hacer física de una manera amigable y entusiasta, y especialmente cómo un coloquio puede ser inspirador, instructivo y deleitable. No vienes como Profesor Visitante. Si ése fuera el caso, sería fácil encontrar un sustituto. Lo que queremos, fundamentalmente, no son tus conferencias, tal vez ni siquiera tu física, sino sobre todo tu atmósfera, tu inspiración, de hecho, tu sola presencia. Tu apodo, Sócrates de la Física Moderna, es espléndido y totalmente exacto. Pero ten en mente que para que tengas gran influencia como Sócrates, debes ser también un filósofo peripatético.

Comprender verdaderamente la física avanzada era el centro y la razón de ser en la vida de Ehrenfest. Por el tiempo en que él realizaba sus estudios de física, esta disciplina era considerada una empresa casi terminada y perfecta. Con la electrodinámica de Maxwell y la descripción mecánica de los fenómenos, se podía explicar casi todo. Pero para una mente inquisitiva como la de Ehrenfest, en la física aún había muchas preguntas por responder. A lo largo de su vida se interesó por el estado y el papel que representaba el éter como hipótesis de la física que había prevalecido por décadas, por la mecánica estadística como vínculo entre los fenómenos microscópicos y macroscópicos, por las nuevas ideas cuánticas y sus fundamentos y principios, etcétera.

Cuando tomó posesión de su cargo en Leiden se situó en el centro de un periodo turbulento de la física. La comunidad de científicos que trabajaban esta disciplina apenas empezaba a tomar conciencia del significado de la teoría de la relatividad especial de Einstein y, por otro lado, el congreso Solvay de 1911 había puesto sobre la mesa temas que ponían en riesgo las bases de la física. En 1900, el físico alemán Max Planck había presentado una ley que describía la radiación del cuerpo negro, la cual rápidamente fue avalada por datos experimentales. Sin embargo, poco después de 1905, resultó evidente que la derivación de la ley de Planck se basaba en suposiciones extrañas. La interacción entre materia y radiación se desviaba de la noción clásica que explicaba que la fuente de radiación debía poder entregar y recibir energía en forma continua. Con Planck, la energía de la fuente de radiación resultó cuantizada (la energía sólo puede adoptar valores discretos, contrariamente a lo que se creía clásicamente: que la energía podía tomar todos los valores).

Ehrenfest analizó el trabajo de Planck en tres publicaciones, en el último, de 1911, mostró la cuantización de la energía como condición necesaria para la derivación de la ley de Planck y, por tanto, como propiedad fundamental de la realidad física. Dicho artículo fue un primer comienzo de lo que se convertiría en la principal aportación de Ehrenfest a la física, es decir, el principio adiabático que, junto con el principio de correspondencia de Bohr, buscaría una conexión entre las reglas cuánticas y las teorías tradicionales. En 1916 escribió una amplia presentación de su principio. Dicho artículo se convirtió en una importante contribución al desarrollo de la teoría cuántica. Sin embargo, después de esa publicación se apartó del tema por algún tiempo dejando a su alumno Jan Burgers, que poseía gran habilidad matemática, que desarrollara una exploración más profunda de esas ideas. La pérdida de interés de Ehrenfest por la teoría cuántica se debió probablemente a su desilusión por el hecho de que su trabajo tuvo muy poca resonancia en esos años (en nuestra opinión, otro factor que influyó en la autodesvalorización de su trabajo).

Después de incursionar en otros temas, al término de la guerra, volvió su interés por los temas de la teoría cuántica. El estímulo para retomar esa fue, posiblemente, la recepción que Bohr le había dado a su principio adiabático. En una comunicación, Bohr sopesaba el valor del trabajo de Ehrenfest refiriéndose a “el gran progreso (…) recientemente obtenido por Ehrenfest”, quien había podido encontrar coherencia a las aparentemente confusas reglas cuánticas. El principio adiabático y su propio principio de correspondencia eran, en opinión de Bohr, las guías para el futuro desarrollo de la teoría cuántica. Tiempo después, en 1925, Ehrenfest dirigió su atención al campo de investigación que antes había sido una de sus pasiones: la mecánica estadística, pero ahora a la luz de la teoría cuántica.

Ehrenfest se vio toda su vida abrumado por sentimientos de incertidumbre respecto a su desempeño como investigador, y en sus últimos años (después de 1926), también respecto a su labor como profesor. No sólo se sintió incapaz de ofrecer alguna contribución a la teoría cuántica, sino ni siquiera de poder dar seguimiento a su acelerado y caótico desarrollo. Las nuevas teorías tenían un nivel de abstracción mucho mayor que la vieja teoría cuántica. La posibilidad de visualización de los fenómenos había cedido su sitio al uso de complejos cálculos. Mientras muchos físicos pertenecientes a la vieja guardia ignoraron los nuevos desarrollos tanto como les fue posible, a Ehrenfest lo llevaban a la desesperación, haciéndolo sentir que había perdido el rumbo.

Sus problemas para mantenerse ante la situación que guardaba la física, su disciplina, se agravaron con la muerte de Lorentz en 1928 y por el gradual distanciamiento de su esposa. Ella pasaba largas temporadas en Rusia, pero la separación no era sólo geográfica y tuvieron la intención de disolver su matrimonio, aunque dicha intención nunca se llevó a cabo.

Ehrenfest deseaba terminar con su trabajo en Leiden e incluso concluir su “inútil” vida. Lo único que se lo impedía era que sus cuatro hijos dependían de su ingreso. El menor de ellos, Vassily, había sido diagnosticado con Síndrome de Down (lo cual también lo deprimía) y Ehrenfest deseaba evitar que su cuidado resultara una carga para sus otros tres hijos. Intentó trasladarse a la Unión Soviética, pero las cosas no resultaron. Su destino parecía estar ya definido. En 1932 había escrito una carta de despedida a sus mejores amigos (Bohr, Einstein, Herglotz, Joffe y Kohnstamm), la que nunca fue enviada, en la que explicaba que el suicidio era su única alternativa.

En Julio de 1933 aparentemente hubo una mejora en su estado de ánimo. Incluso desarrolló algunos planes con Casimir sobre algunas investigaciones a realizar. En agosto pasó unos días en Schiermonnikoog y en septiembre estuvo unos días en Copenhague. Pero no sirvió de nada. En Copenhague dejó una impresión extraña al concluir su visita. Dirac recordó posteriormente haber escuchado una rápida alusión sobre el fin de su vida. Ya de regreso en Holanda, y habiendo perdido la batalla contra la depresión que lo agobiaba, viajó el 25 de septiembre al Wateringinstituut en Ámsterdam, donde era tratado su hijo Vassily. Después de convivir con él una hora, tomó un arma, le disparó primero a su hijo y enseguida a él mismo, poniendo fin a un largo calvario.

 

*jmrivera@fisica.uaz.edu.mx

http://fisica.uaz.edu.mx/~jmrivera


Nuestros lectores comentan

  1. Luis Humberto Rodriguez M.

    A pesar de su magnitud energia y belleza las estrellas algún día dejan de brillar pero la gran supernova en que convierten su ocaso dejan un gran agujero que permanecera perenne recordando la grandeza que en un tiempo y espacio fue, a pesar de la abrupta despedida!

  2. Luis Humberto Rodriguez M

    A pesar de su magnitud energia y belleza las estrellas algún día dejan de brillar pero la gran supernova en que convierten su ocaso dejan un gran agujero que permanecera perenne recordando la grandeza que en un tiempo y espacio fue, a pesar de la abrupta despedida!