DANTE GODOY | NTRZACATECAS.COM
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Zacatecas.- La mirada sólo le alcanza para ver si caen monedas en su vaso de la limosna, mientras unas sombras cafés le manchan el rostro por tantas jornadas frente al sol. Camina sólo con unos huaraches cruzados remendados, con pantalón deshilachado y camisa a rayas desabotonada, así luce el octogenario José Pérez.

Desde 1983, cada 28 de agosto se festeja a los abuelos en México. Originario de la comunidad de San Ignacio, del municipio de Guadalupe, apenas pudo articular palabra y decir que vivió casi toda su vida en San Luis Potosí, como cargador de fruta y verdura, con lo que mantuvo, por un corto tiempo, a su familia hasta que se separó de su mujer.

Con los años el vicio del sotol, licor que dijo le gustaba mucho, lo dejó en la situación actual de pedir dinero para comer, y otras veces para comprarse un cuarto de vino panalito de Tonayán, ya que si le iba bien tomaba Rivas.

Los años le apagan la voz cada vez que quiere decir algo, y lo hace con desconfianza, ya que no confía en nadie, sólo en su bote de limosnas y su alcohol; en un hilillo de voz se pudo captar que sus hijos “ya de plano ni me procuran”, fue ahí cuando ya no se escuchó nada y comenzó a caminar para que ya no le preguntaran.

En el abandono

Actualmente, la realidad de los adultos mayores es complicada, debido a que sufren abandono de sus familiares, quienes los dejan en asilos o en la calle a su suerte, lo que los hace propensos al alcoholismo, pedir limosna o sufrir cuadros de depresión severa.

La delegada del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), Patricia Frausto Ortiz, informó que tres de cada cinco ancianos sufren violencia dentro de la familia, lo que propicia que opten por salidas como el alcoholismo, sobre todo los hombres, para refugiarse de los malos tratos.

Al revisar el marco jurídico, el abandono a un adulto mayor no está tipificado como un delito, mucho menos una falta menor que pueda ser causante de consigna ante las autoridades. Sólo hay un apartado y trata acerca del abandono a un menor de edad que no puede cuidarse por sí mismo, lo que deja en desventaja a las personas de edad avanzada.

Ante ello, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) dijo que formar parte del grupo de personas con edad avanzada que está en una relación de nueve adultos mayores por cada cien habitantes (según Inegi), es motivo de discriminación, sobre todo laboral.

Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) comunicó que al no contar con una Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis), no se puede tener un panorama focalizado de quienes sufren discriminación, sobre todo los grupos vulnerables como las personas de la tercera edad.

Pero que por primera vez levantarán el censo en coordinación con el Conapred, y que se realizará del 21 de agosto al 13 de octubre.

“La Enadis 2017 permitirá conocer las prácticas, percepciones y actitudes de la población mexicana respecto a este problema social, y recolectará información relativa de discriminación en los ámbitos de grupos segregados como las mujeres, niñas y niños, adolescentes y jóvenes, personas mayores, con discapacidad, e indígenas y con diversidad religiosa”, se explicó mediante un comunicado del Inegi.

Sobrevive sin pedir apoyo a gobierno

Ésta es la historia de doña Caridad, como le gusta que le digan sus amigos y compañeros de local en el mercado nuevo de Guadalupe. Ella tiene 85 años y es originaria de Minatitlán, Veracruz, pero desde hace 35 años optó por las tierras zacatecanas como su segundo hogar.

“Empecé a rodar hace ya mucho tiempo, desde que tenía 15 años andaba para todas partes y bueno, eso a uno le comienza a pesar. Después de eso tuve familia, pero ya no los veo ni me ven, pero yo trabajo haciendo piñatas y me entretengo en ello. Son ya 30 años de dedicarme a esto por necesidad”, decía mientras señalaba una de sus creaciones multicolores.

Comentó que después de andar por la vida, tuvo que poner un alto al verse sin su familia e hijos que la apoyaran, y su único sustento es la venta de piñatas, algunas monumentales y originales; “en 30 años nunca he repetido una piñata, esto es mi vida y me gusta”.

La octogenaria contó sentirse feliz haciendo lo que más le gusta, pero que sí extrañaba a sus seres queridos, y ahora tiene que arreglárselas para sacar dinero y mantenerse, ya que dijo no contar con pensión, jubilación o apoyo gubernamental, más que sus manos para hacer piñatas.

En su local hay tiras de papel de china, globos con los que unta el engrudo y hace la forma de la piñata, cucuruchos de cartón y una parrilla chorreada de guisados que ella se prepara.

Uno foco de 75 watts es el único acompañante para que pueda hacer sus piñatas; “no necesito más, tengo mi fe cristiana y los pastores y hermanos me ayudan. Me siento con el poder de Cristo para poder hacer todo y desear el bien a todo el que me tiende la mano y al que no, pues, también”.

 

 


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