ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

No es una novedad, pues ya se utiliza desde hace algunos años la metodología gubernamental de intentar tapar ciertas informaciones que, en sus propios supuestos, podrían dañar la imagen de su quehacer, o empañar algún evento (una feria regional, por ejemplo), o simple y sencillamente echar abajo los discursos oficiales de que aquí no pasa nada… como ha sucedido en Zacatecas.

Aunado a ese esfuerzo (lo es) de las instancias oficiales por no dejar fluir esas informaciones con el objetivo de “proteger” a la población (mientras menos sepa, mejor), son formas caducas de manipulación que, en otras partes del país, afortunadamente ya han sido superadas, pero aquí todavía no queda claro qué objetivo tienen, sobre todo cuando la imagen que pretenden cuidar se ve más lesionada con las tapaderas, ya que de cualquier modo –sobre todo gracias a las redes sociales– la ciudadanía se entera.

E incluso sería todavía más sano que, oficialmente, se diera la información correcta en lugar de dar paso a los acomedidos comentaristas ciudadanos que, muy a menudo, difunden sólo fracciones de la información y que, a la postre, derivan muchas veces en la difusión de trascendidos o incluso en la propagación de rumores. Ante ello, nada mejor que anticiparse con información formal, veraz, puntual.

Por ejemplo, ya hay estados del norte del país donde la figura de la “vocería en seguridad” se encarga, directamente, de difundir cuando –por ejemplo– se desarrolla una persecución policiaca o se produce un enfrentamiento armado ya sea entre la autoridad y grupos delincuenciales, o entre éstos mismos. Y lo hace con un objetivo concreto: avisar para que la gente se proteja, no salga a exponerse a una bala perdida, y además deje a las corporaciones de seguridad hacer su trabajo sin interrupciones ni obstáculos. En aquellos lugares, la gente agradece más estos datos de advertencia, en lugar de esperarse a que, días después, se les comunique que algo pasó y que, por gracia de Dios, afortunadamente no les pasó nada.

Nada se gana con esconder hechos, mucho menos con postergar la información que desde horas o días antes ya la ciudadanía conoce, como si con ello se solucionaran o se acabara de tajo con los actos delictivos. Por el contrario, se sigue así perdiendo la confianza de la ciudadanía, ya de por sí vulnerada.

La inmediatez que ofrecen las redes sociales, así como diversos medios electrónicos, proporcionan una plataforma no sólo para que la ciudadanía esté informada, sino además también una herramienta para la autoprotección de los ciudadanos, sobre todo de quienes se encuentran cerca de un evento de inseguridad. Y no se trata de revelar estrategias de las corporaciones, como pensando que los delincuentes están al pendiente de esos medios para evadirse de la autoridad. Vamos, pues, que no se trata de bajarse los calzones en público, sino de coadyuvar al correcto conocimiento de las realidades que vivimos día a día, bajo el principio de la discrecionalidad: informar lo que se debe, para proteger al ciudadano, sin revelar estrategia o inteligencia que podría ser usada en contra de la autoridad. Hay expertos en eso… ¿los tendremos aquí?

Por lo pronto, mientras la cifra de hechos violentos sigue en ascenso en nuestra entidad, e incluso se concentra en el corredor metropolitano desde Guadalupe hasta Fresnillo, dando al traste con los discursos halagüeños o que incluso los minimizan (al cabo se están matando entre ellos, los malos), la cifra negra de los casos que no se llegan a conocer públicamente o que logran taparse, sigue siendo de las más altas, sobre todo ahora en los hechos de secuestros o levantones.

Y si a esa misma desconfianza que genera la desinformación le sumamos el que por desconfianza la ciudadanía no denuncia, o incluso hace del conocimiento de la autoridad pero prefiere no denunciar formalmente, pues entonces nos encontramos ante un escenario donde el gobierno, en lugar de favorecer la participación ciudadana en materia de prevención, la limita. ¿Qué estrategia puede ser esa?


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