FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

También hay bohemia rockera…

A veces, nuestras novias se imaginan que estar con los amigos es hacer cosas malas, no sé, llamar a ex novias, solicitar muchachas para salir a pasear o simplemente conseguir una musa para la próxima “historia de amor” de algunos que se la creen como si tuvieran menos de treinta o cuarenta y tantos.

La verdad es que los amantes de la música esperamos el fin de semana para poder reunirnos con nuestros amigos, compas, broders, carnales o hermanos (el adjetivo va cambiando según el nivel de la peda).

Compramos cervezas, cigarros y una botanita, y nos vamos a la casa de alguno de ellos, claro, con la venia de la mujer de la casa, en caso de que la haya.

Y empieza la tarde o noche, según el horario de trabajo que tendremos los asistentes al siguiente día.

Empezamos dándole play a las rolas que siempre nos han gustado, digamos, las estándar. Un rockcito conocidón, baladitas tipo Aerosmith o Bon Jovi, le subimos a Metallica con “Nothing else matters” y, así, se va desarrollando la amena velada, acompañada de una típica charla, siempre con un enfoque crítico hacia el sistema, mismo al que pertenecemos y del que difícilmente podremos desprendernos.

Luego viene el “güey, ¿te acuerdas de…?”, para esta segunda fase, regularmente suena lo clásico, se prende la charla con “Black dog”, de Led Zeppelin, para entonces ya regresamos unos 12 o 15 años, y casi casi podemos sentir las melenas ondeando con ese aire de libertad, aunque en realidad se nos esté enfriando la frente.

Risas y más risas, y Scorpions suena con “Still loving you”, mientras se hacen planes de otra salida, “aunque sea aquí cerquita”, pero que regularmente se postergará una y otra vez.

La frase “Ya estamos, pues, güeyes”, da paso a otro tema. Aquí es más diverso; de hecho, en esta parte hay veces que uno de los asistentes, el que siempre pretende tener el control del estéreo, empieza a marcar pauta, poniendo lo que ha descubierto últimamente, pero siempre con el objetivo de que sea agradable para los demás

Empiezan las recomendaciones y se destapa la segunda botella, se toma nota de lo más aceptado, la materia de estudio de los próximos días, el enfoque de bandas que se conocerán en la semana para poder presumirlas en la siguiente reunión.

Entre cadáveres de cervezas, es decir, latas vacías y basura de cacahuates, se levanta la petición del más conservador, del que pide alguna balada desgarradora, que traerá una nostalgia diferente; dolorosa, mexicana. A veces invitamos a José Alfredo Jiménez, al Príncipe de las Tinieblas, digo, de la peda, digo, de la Canción (José José), entre otros.

Sí hay besos, pero a los vasos; sí hay abrazos, pero con los amigos; sí hay regalos, pero se trata de links de música; sí hay infidelidades, pero es como engañar a tu mujer con los recuerdos de hace años, de una vida diferente a la que tienes ahora.


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