Armando Fuentes
Armando Fuentes

O Monreal termina por allanarse a la voluntad del tabasqueño, y éste, magnánimo, le extiende su perdón, o sale de Morena en la misma forma que ha salido de otros tres o cuatro partidos –no llevo ya la cuenta– y toma su propia ruta, ya sea al amparo de otro partido (todavía le quedan algunos), ya por su cuenta y riesgo (sobre todo su riesgo)

El doctor Dyingstone, misionero, fue a llevar a los paganos de África la luz de la verdadera fe. (Ellos no sabían que estaban a oscuras). Con el doctor fueron su esposa y su hija, doncella en edad núbil. Iban por la intrincada jungla cuando de pronto les salió al paso un enorme gorila que arrebató a la joven y se perdió con ella en la espesura. “Oh, my God! –exclamó desolado el doctor Dyingstone–. ¡Espero que sus intenciones sean honestas!”. El espía le informó a su jefe: “Esta noche el enemigo nos atacará por sorpresa”. “Muchachos –se dirigió el jefe a sus soldados–. Cuando llegue el enemigo pongan cara de sorpresa. No me gusta aguarle la fiesta a nadie”. Libidiano, lúbrico sujeto, le hizo una proposición carnal a Dulcilí, muchacha de buenas costumbres (porque no había conocido aún las malas). Opuso ella: “Lo siento, Libi, pero no te amo, y nunca he creído en el sexo sin amor”. Porfió el impúdico galán: “Tú dame el sexo, linda. El amor yo veré dónde lo consigo”. Le dijo la Cenicienta al Príncipe: “Por favor devuélveme mi zapatilla de cristal. Tengo otro baile hoy en la noche”. Laurencio Garrico, actor de teatro, tenía fama de ser el mejor Hamlet viviente. Un crítico le preguntó: “¿Usted cree, sir Laurencio, que Hamlet tuvo sexo con Ofelia?”. “No lo sé –ponderó el reconocido actor–, pero yo siempre lo tengo”. Y a otra cosa. “. Don Juan, yo la amaba, sí, / mas con lo que habéis osado / imposible la hais dejado / para vos y para mí.”. Resuenan las sonoras palabras con que don Luis Mejía le reclamó al Tenorio –que era un gran tenorio– haber cortado con engaños la flor de la virginidad que doña Ana de Pantoja le tenía guardada. En la misma forma Ricardo Monreal creó un callejón sin salida tanto para él como para López Obrador. Osó cuestionar los procedimientos del dueño y señor de Morena, primera vez en la historia que uno de sus feligreses comete tan grande sacrilegio. Obvio es decir que AMLO no dará marcha atrás en su decisión –ucase, edicto o bula– de otorgar a Claudia Sheinbaum la candidatura de Morena para el Gobierno de la Ciudad de México. López Obrador es hombre de una sola palabra: yo. Así las cosas, o Monreal termina por allanarse a la voluntad del tabasqueño, y éste, magnánimo, le extiende su perdón, o sale de Morena en la misma forma que ha salido de otros tres o cuatro partidos –no llevo ya la cuenta– y toma su propia ruta, ya sea al amparo de otro partido (todavía le quedan algunos), ya por su cuenta y riesgo (sobre todo su riesgo). En todo caso Monreal ha sacudido el árbol morenista, en el cual no se mueve una hoja si no lo autoriza el propietario de la raíz, el tronco, las ramas, el follaje y –claro– los frutos. Deberemos esperar algunos días para saber si esto termina en farsa o en exilio. “Mas con lo que habéis osado.”. Don Languidio Pitocáido, señor de edad madura, fue a confesarse con el padre Arsilio. Le dijo: “Anoche tuve sexo con una mujer”. “Me sorprendes –manifestó el confesor–. Siempre pensé que eras un marido fiel”. “Y lo soy –repuso don Languidio–. La mujer con la que tuve sexo es mi esposa”. El buen sacerdote se asombró. “¿Entonces por qué vienes a confesarte? Hacer eso con tu esposa no es pecado”. “Lo sé, padre –contestó el señor Pitocáido–. Pero hacía años que no tenía sexo, y a alguien se lo tenía que contar”. El reportero le preguntó al provecto señor: “¿A qué atribuye usted el hecho de que hoy cumpla 100 años de edad?”. Respondió el veterano: “A que nací en 1917”. Al principiar la noche de bodas el novio interrogó, solemne, a su flamante mujercita: “Dime, Facilda: ¿eres virgen?”. Respondió ella: “¿Por qué me lo preguntas? ¿Necesitas algún milagro?”. FIN.

 

MIRADOR

Me gustan mucho los perales de nuestra huerta en el Potrero.

Parecen muchachas despeinadas.

Ayer, a manos llenas, empezaron a darnos el don sabroso de sus peras. Y ¡qué peras! De oro por fuera, por dentro son de plata. Tienen forma de Venus Calipigia. Quiero decir que son de talle estrecho y amplias -muy amplias- de caderas. Cuando las muerdes te llenan la boca de dulzura, y te melifican también el corazón y el alma.

Me pregunto si merezco yo estas peras, No hice más que plantar los árboles cuando eran niños y acompañarlos mientras ellos se hacían adultos y yo viejo. Ahora me corresponden con la gratitud que los árboles muestran siempre y los hombres casi nunca.

Mi mujer pondrá esas peras en almíbar, y en Navidad serán regalo para el cuerpo y el espíritu.

En este momento tengo una hermosa pera entre las manos, y no puedo menos que pensar en Venus. Para que mi pera no se ofenda le prometo que cuando vea a Venus pensaré en ella.

¡Hasta mañana!…

 

MANGANITAS

“. Cisma en Morena.”.

En los tejes y manejes

de que está su casa llena,

a los que dejan Morena

se les considera herejes.


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