ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Ante las desgracias que ocurren debido a contingencias como todos aquellos desastres por terremotos, inundaciones, tormentas atípicas, o cualquier otro tipo de fenómeno natural, es conocida –y reconocida internacionalmente– la “solidaridad del pueblo mexicano”, y una muestra de ello es la respuesta del gobierno mexicano al ofrecer apoyos a los damnificados por el huracán Harvey en su paso por el vecino estado norteamericano de Texas (antiguo territorio mexicano, por cierto).

Pero ¿qué pasa con la respuesta particular de gobiernos estatales como el de nuestro querido Zacatecas, a sabiendas de que en esa entidad del vecino país del norte viven miles (sí, miles) de nuestros paisanos? Pues nada, que hasta ahora se han visto lentos en ofrecer alguna clase particular de apoyo, ayuda humanitaria, colecta de alimentos, ropa o lo que sea, y más bien “se le pegan” a lo que haga el gobierno federal.

No es de extrañar, pues, que si ya de por sí quienes se fueron buscando mejores oportunidades lo hicieron porque aquí no recibían apoyo, mucho menos ahora la esperan de un gobierno que primero no les ayudó en casa. Ahora que están lejos, detrás de una frontera que cada vez parece más hostil, pues menos…

Y no se trata quizás de que todo el aparato gubernamental se traslade a Houston, o a El Paso, o a cualquiera de las ciudades donde viven zacatecanos y sus familias (muchas de las cuales incluso ya lograron obtener alguna clase de estatus migratorio legal, conste) para visitarlos y llevarles camiones de comida o de vestimenta o simplemente de agua. No se pide tanto.

Pero sí quizás el que se pudiera disponer de oficinas de enlace eficientes para establecer contacto con los paisanos en desgracia, para establecer líneas de comunicación que permitan a sus familiares de este lado de la frontera enterarse sobre cómo están pasando el mal clima, o que les dé la oportunidad incluso de hablar con ellos, habiendo ya tantos adelantos tecnológicos.

Se trataría, también, de mantener informadas a las familias de estas tierras utilizando (por qué no) los medios de comunicación del estado e incluso los medios de la iniciativa privada, que eso a final de cuentas se arregla con buena voluntad y no tendría nada que ver con el dinero. De lo que se trata es de ayudar, y de recordar que ellos, los que viven allá y ahora están en dificultades, son tan zacatecanos como nosotros.

Pero bueno, ése es un supuesto para este caso particular ahora que el huracán Harvey (y los que se esperan todavía para esta temporada) ha tocado y devastado comunidades en el norte. ¿Y qué pasa con las comunidades y los zacatecanos en desgracia… en nuestro propio territorio? No es difícil encontrar casos en los que, a pesar de haber evidentes muestras de comunidades donde algún fenómeno natural causó destrozos, luego la ayuda gubernamental se tarda en llegar (cuando llega), o incluso casos en los que ni siquiera las altas autoridades se aparecen ni por error… y de ahí vienen los reclamos sociales de que nuestros gobernantes no quieren “enlodarse los zapatitos”.

En fin, el hecho que ahora nos ocupa, en Texas, es la muestra de la lenta reacción –por ejemplo– de la Secretaría del Zacatecano Migrante (Sezami), a quien están “esperando que regrese” (¿de dónde?) para ponerse a trabajar y en contacto con los paisanos, al cabo ahorita les apoya por lo pronto el gobierno de Estados Unidos.

Y ya que tanto se presume que las federaciones de zacatecanos son de las más organizadas del país en Estados Unidos, valdría la pena también saber cómo carajos está interviniendo la Sezami en apoyo de dichas federaciones para coordinar esfuerzos de ayuda a los damnificados… cuando reaccionen, claro está. Por lo pronto, son los propios zacatecanos allá quienes reconocen que nadie los ha contactado.

Muchas de las reacciones de nuestros gobiernos son lentas. Leeentaaas. Pero tratándose de desgracias que se pueden llevar vidas humanas, esa lentitud se traduce en traición.


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