Tomás Mojarro
Tomás Mojarro

Que una cuarta parte de los pacientes fueron infectados antes de cumplir los veinte años. Y el alto clero a rasgarse sotanas y capas pluviales

¿Muy hombres los curas, con todo y sotana y capa pluvial, como se pavonea un arzobispo? A propósito: “El condón. ¿Para qué el condón?, preguntan voceros del alto clero. ¿Para seguir buscando el placer por el placer mismo? ¡Eso está fuera de las enseñanzas de Cristo! La Iglesia rechaza el uso del condón, pues esto lo que hace es hundir en el fango a la juventud, en lugar de darle la mano a los jóvenes para que salgan del lodo”.

El obispo José Melgoza:

-Me indignan las promociones que se han hecho para el uso del condón. Eso es darles a los jóvenes los medios para que se sigan revolcando en el lodo.

En la lucha contra la pandemia lo advierten especialistas: “El SIDA devasta al humano porque el diagnóstico de la enfermedad casi siempre conlleva aislamiento, depresión de quien se ve como un condenado a muerte”.

Una muerte que se inicia con la muerte social, y lo preocupante: que la ciencia comienza a rendirse frente al más delicado de los problemas que enfrentamos hoy día, porque “ni la peor hambruna, ni la peor recesión ni el peor padecimiento tienen el lugar que el SIDA en la agenda mundial”. Y es México, después de Brasil, el país puntero en nuestra América respecto a los pacientes del SIDA. Se escandaliza cierta funcionaría veracruzana:

Estoy aterrada y preocupada por el avance de la epidemia del VIH/SIDA. ¡Ni un homosexual más en las calles de la ciudad, ni mucho menos en bares y cantinas! Me produce asco y profundo disgusto la presencia en la vía pública de esos miserables indeseables.

Pero es que la enfermedad afecta no únicamente a “esos miserables indeseables” ni sólo al heterosexual joven o adulto, sino a los migrantes que regresan a sus lugares de origen e infectan a la mujer, y ésta a la criatura por nacer, sino también a los viejos que para mantener su vida sexual activa se encomiendan a la advocación de la pastillita azul, la cafecita, la de algún otro color. Y el SIDA sigue su avance al ritmo de muchos miles de nuevos casos por año, y a saber cuántos miles más sean los infectados que no lo saben o deciden no sujetarse a tratamiento alguno. Y los jóvenes.

Que una cuarta parte de los pacientes fueron infectados antes de cumplir los veinte años. Y el alto clero a rasgarse sotanas y capas pluviales:

– Usar preservativos y seguir haciendo el amor, el método de nuestras autoridades. ¡Eso es una barbaridad! Intentan proteger la salud promoviendo el vicio. El abuso del sexo es el que se ha convertido en un problema no de salud, sino de moralidad pública. Y ahora convierten en héroes a los enfermos de SIDA. La Iglesia rechaza el uso del condón, fuente de prostitución. Ni condón ni homosexuales. La homosexualidad es un verdadero crimen, y la Iglesia Católica rechaza tanto a los homosexuales como el uso del condón, fuente de prostitución”.

El escándalo. Hace tiempo el reportero se acercó a José Ulises Macías, por aquel entonces arzobispo de Hermosillo, Sonora:

– Señor, es bien sabido que en México existen muchos curas pederastas, y que su conducta es motivo de escándalo entre sus feligreses, ¿Estos curas usan condón?

Indignado, el arzobispo, sin aludir al preservativo: “Sí hay curas pederastas en nuestro país, claro que los hay. ¿Sabías tú que no somos ángeles? ¡Aunque hombres de Dios también somos hombres, muy hombres!”

¿Hombres de Dios? ¿El los adquirió en propiedad? ¿Cómo, para qué? (De Dios.)


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