FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

¡Una corona, por favor! Le grité al mesero mientras una banda de covers afinaba sus instrumentos. Más o menos sabía la que me esperaba, el guitarro empezaba con los acordes de “La célula que explota”.

Bien, decidí esperar mientras acomodé mi caja de Delicados junto al cenicero.

Frente a mí se sentaron unas señoritas, una con una playera de Jack Daniel’s, otra con una de Ramones y con un estilo muy bondage, acá oscurón. Empecé a pensar que la noche sería algo agradable, al menos con esas rockeras enfrente.

Apagaron la luz y empezó la tocadita. Me quisieron agitar, me incitaron a gritar, y no pude ser una roca ante los éxitos de ayer, hoy y siempre.

Las musas de satanás que estaban en la mesa de enfrente empezaron a prenderse, hacían la señal de los cuernos muy bien con sus manos, que cualquiera pensaría que pedirían “Metal Heart” o “Walk” o algo que empezara a despertar demonios.

De pronto, una de ellas gritó: “La Planta”, la banda se vio obligada a tocarla, siguieron peticiones de “La Chispa Adecuada, “De Música Ligera”, “La Negra Tomasa” y una que no sé cómo se llama, pero dice: “Hay una fiesta, y es esta noche”.

La verdad es que no se puede negar que las canciones que mencioné son buenas.

Pero, ¿las mismas siempre? ¿Cuántas veces se ha ido de casa “La Negra Tomasa”?

Estoy casi seguro que aunque sea desértica esa Planta ya dejó de existir y que esa música ligera de la que habla Cerati ya no suena en la habitación de alguna de sus herederas.

Estoy tratando de decir que hay muchas canciones como para seguir en las mismas. Nosotros las hacemos aburridas, les quitamos ese valor.

Escuchemos las recomendaciones de Spotify, de Youtube, démosle chance a lo nuevo, dejemos que los músicos nos sorprendan y también apoyemos a los artistas locales.

Ah, y el tema de las playeras que se han vuelto moda lo dejamos para después porque mi editor es muy bueno para contar palabras y ya mero es la hora de entrega.


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