ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

A unos cuantos días de que Alejandro Tello Cristerna rinda su primer informe de gobierno, las noticias sobre inseguridad parecen opacar cualquier intento de promoción positiva de la administración pública y sus resultados, y quienes se encargan de diseñar el manejo de su imagen no parecen haberse dado cuenta de que los mensajes difundidos contrastan, o más bien chocan de frente, con una realidad insoslayable.

Encima de ese “choque de ideas mediáticas”, como algunos quieren verlo, nos encontramos ahora con la exhibición pública también de los resultados que un grupo de zacatecanos, autoconformados como “Observatorio Ciudadano de Zacatecas para la Función Pública (antes Contraloría Ciudadana)” que, según explican, son fruto de sus propias investigaciones a partir de solicitudes de información a diversas instancias, y que pretenden demostrar el enorme grado de corrupción heredado del gobierno de Miguel Alonso Reyes al actual.

Ayer, en conferencia de prensa, mostraron parte de sus investigaciones y aclararon que no les corresponde a ellos formular las denuncias correspondientes sobre dicha corrupción, sino a las dependencias del gobierno que se encargan de fiscalizar precisamente la utilización de los recursos públicos.

A unos cuantos días del informe, insisto, esta otra clase de informaciones también pegan en el sentir ciudadano, y explican de cierta forma los muy magros resultados obtenidos tanto por el gobernador como por la administración estatal en general en las recientes encuestas de aceptación, popularidad, eficiencia –o como quieran llamarle– gubernamental, dadas a conocer en medios nacionales como el periódico Reforma.

Vamos, pues, que el hecho de que en Zacatecas nuestro gobierno esté reprobado –según dichas encuestas– no es más que el reflejo de lo que la gente siente tras percibir la corrupción y la violencia en medio de la cual vivimos. Dos frentes que, sin acciones contundentes, difícilmente se pueden decir terrenos ganados.

Porque la desazón ciudadana no se fundamenta solamente en que la gente se entere de que hay más fosas clandestinas, más muertos, más levantones o secuestros; también se alimenta de saber que hay más indicios de corrupción que no han sido investigados, más ex funcionarios y funcionarios señalados por la presunta comisión de delitos, y sobre todo por darse cuenta de que, al final del día, todo parece resumirse en una palabra: impunidad. Nadie resulta castigado.

Apenas en estos últimos días, la Procuraduría General de Justicia del Estado asestó un golpe a la delincuencia al detener a varios sujetos relacionados con el asesinato de don Antonio Frausto, y la reacción de la ciudadanía quedó muy lejos de la satisfacción. Por el contrario, ahora la gente quiere más detenciones, más eficiencia, más prontitud en las investigaciones, más trabajo de investigación. Más justicia, pues.

Pero también espera mucho más en el caso del combate a la corrupción y la impunidad. La ciudadanía espera que se castigue a los corruptos, y que se les castigue ejemplarmente, pues las medidas tomadas hasta ahora en contra de algunos ex funcionarios parecen, a los ojos de muchos, simples sucedáneos, o lo que es lo mismo, atole con el dedo. Inhabilitaciones para desempeñar cargos públicos que duran poco, pero que no tienen efecto alguno como castigo. Ahí también la gente exige justicia.

A unos cuantos días del informe, valdría la pena que quienes componen el gabinete de gobierno, y quienes asesoran al mandatario estatal, se dieran cuenta también de que la vigilancia ciudadana ya es una realidad –quizás en ciernes, pero realidad al fin– y que es cada día más difícil tapar el sol con un dedo para engañar a los ciudadanos con el discurso de que “todo está bien, aquí no pasa nada…”

Porque todo eso pasa ahora, no sólo a unos cuantos días del informe, sino también a unos cuantos días de que inicie, formalmente, el próximo proceso electoral, sobre el que ya se difunden encuestas variopintas y de todo talante, que lo único que están logrando es confundir más y dejar más dudas que certezas. Ojalá lo aprovechen para mejorar, no para sacar ganancia a río revuelto.


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