SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Como hijo del pueblo nunca podría olvidar que mi único fin debe ser siempre su mayor prosperidad”

Benito Juárez

 

Por supuesto que la cancelación de DACA por el presidente estadounidense Donald Trump es “errónea” y “cruel”, como señaló el ex presidente Barack Obama. Pero la posición del gobierno mexicano, de promover ante los “poderes de los Estados Unidos” una “pronta solución permanente que brinde certidumbre jurídica a los jóvenes DACA”, como escribió en Twitter el presidente Enrique Peña Nieto, me parece hipócrita.

México es responsable de haber expulsado a millones de mexicanos que votaron con los pies para ir a los Estados Unidos en busca de una vida digna que no pudieron tener en nuestro país. Que los políticos mexicanos protesten hoy ante las autoridades estadounidenses es como si el gobierno de Nicolás Maduro protestara en México por el rechazo del Instituto Nacional de Migración a permitir el ingreso de más de mil venezolanos en el primer semestre de 2017 que buscaban en México una vida digna ante el desplome venezolano.

Estados Unidos no es rico y México pobre por suerte o por un acto de Dios. Poco o nada tienen que ver las condiciones naturales o el pueblo de cada país. Si bien la Unión Americana siempre ha sido más rica que México, la brecha no ha dejado de crecer. En 1820, cuando México estaba por lograr su independencia, el estadounidense promedio era 65 por ciento más rico que el mexicano promedio. En 1910, la diferencia era de 199 por ciento. Para 2016 había alcanzado 571 por ciento, nueve veces más que en 1820.

Algo han hecho bien los estadounidenses que nosotros hemos hecho mal. Al norte de la frontera se ha mantenido un sistema de libre empresa, con apertura de mercados y sólidos derechos de propiedad privada. Estados Unidos ha tenido un gobierno fuerte y eficaz, y un sistema de seguridad y justicia confiable. Otro elemento de la prosperidad, curiosamente, ha sido la apertura a la inmigración que hoy trata de restringir el presidente Trump.

En contraste, en México los políticos han combatido la libertad económica y de comercio. No han permitido derechos claros de propiedad y han fragmentado la tierra en ejidos sin derechos cabales de propiedad. Hemos tenido gobiernos débiles, ineficaces y corruptos que no han podido cumplir con sus responsabilidades fundamentales de garantizar la seguridad y la justicia. Si bien nos quejamos de las políticas migratorias de los Estados Unidos, hemos tenido siempre mayores restricciones aquí a la migración. En la Unión Americana, 13 por ciento de la población nació en el extranjero; en México, sólo 0.5 por ciento.

Los cuestionamientos a Trump en los Estados Unidos son lógicos y bienvenidos. Los del gobierno mexicano, huelen a hipocresía. Más que convencer a los “poderes” estadounidenses de que su país retenga a más de 700 mil jóvenes preparados, perfectamente adaptadas a la cultura estadounidense y que no han conocido más patria que la Unión Americana, los políticos mexicanos deberían tomar medidas sólidas para facilitar la inversión productiva, proteger los derechos de propiedad, mejorar la seguridad y garantizar la justicia. Debemos también abrir las puertas a la inmigración.

Durante décadas los trabajadores mexicanos han votado con los pies para respaldar una economía abierta. Más que hacer cabildeo en Estados Unidos para que se cambie una decisión política que sólo compete a los estadounidenses,los políticos mexicanos deberían tomar medidas para que los mexicanos no tengan que salir de México para gozar de una vida digna.

 

¿Diputados para qué?

Me dice Marko Cortés, coordinador de los diputados del PAN, que no hay ningún problema por la falta de integración de la mesa directiva de la cámara. Si es así, ¿para qué tenemos esa mesa directiva? ¿Para qué mantenemos a los diputados?


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