ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Decía la ex primer ministro de Inglaterra, Margaret Thatcher, en entrevista otorgada a la revista Woman’s Own, en 1987, que “la gente que pide constantemente la intervención del gobierno está echando la culpa de sus problemas a la sociedad. Y, sabe usted, no hay tal cosa como la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias. Y ningún gobierno puede hacer nada si no es a través de la gente, y la gente primero debe cuidar de sí misma. Es nuestro deber cuidar de nosotros mismos y después, también, cuidar de nuestros vecinos”… y estoy de acuerdo.

Eso me puso a pensar la muy desnutrida marcha y manifestación que ayer apenas unos cientos de personas realizaron en la ciudad capital de Zacatecas, en su Plaza de Armas, para demandar más seguridad de parte del gobierno, y para reprocharle la inacción ante la violencia rampante que nos tiene en los lamentables primeros lugares de popularidad por el número de muertes violentas que han ocurrido y siguen ocurriendo, en gran medida derivadas de las acciones del crimen organizado, y en menor medida del crimen común.

Los asesinatos de varios centenares de personas –así las deberíamos considerar, no sólo como números– en lo que va de esta administración, aunadas a los que ocurrieron en administraciones anteriores, más las que ocurren sin quedar registradas de manera “oficial”, afectan sin duda a esta “congregación poblacional”, y por supuesto a centenares de familias de quienes no podemos pensar que todos sus integrantes se dedican a actividades delictivas.

En la muerte de esos cientos de personas, está también el sufrimiento de quienes les sobreviven, sean familiares, amigos, conocidos o simples vecinos. El miedo sembrado así en las colonias y comunidades y ciudades de la entidad es devastador en sus efectos de confianza hacia la autoridad… pero creo que también en esas mismas colonias, comunidades y ciudades ha faltado aquello que señalaba la destacada política británica. Nos falta cumplir el deber de cuidar de nosotros mismos y de nuestros vecinos.

¿Cuántas veces no nos hemos enterado de casos en los que diversas personas sabían que uno de sus vecinos andaba “en malos pasos” y no hizo nada, no denunció, para poder prevenir y protegerse? Casi siempre vienen, tras la muerte de algún presunto delincuente, las historias sobre cómo medio mundo de sus cercanos sabían que andaba metido en esos “malos pasos”, y calló por miedo o por apatía o por desconfianza o por temor a las represalias… por lo que usted guste y mande.

La pequeña manifestación de ayer debería llamar la atención no sólo al gobierno para que eficiente la prevención del delito, la procuración de justicia, la investigación y persecución de las transgresiones a la ley y de los delincuentes, etcétera. Sino también a la “sociedad” misma, a cada individuo en particular, para reflexionar sobre cómo estamos conviviendo entre nosotros, cómo estamos tomando medidas de autoprotección y de prevención, y cómo estamos participando en los asuntos que nos son comunes.

No es nada halagüeño que, ante las fiestas, las celebraciones, los espectáculos deportivos o musicales, haya más sentimiento de “unidad”, y ante las desgracias como el encontrar fosas clandestinas con decenas de cadáveres, o como el presenciar en Internet el asesinato de una persona cercana, ese sentimiento parece desaparecer, y volteamos hacia otro lado como si no hubiera ocurrido, o lo vemos como si se tratara de una película cuya realidad dista mucho de la nuestra, como si no fuera el mismo mundo, la misma ciudad o hasta la misma calle donde vivimos.

A todos nos toca, lo he escrito aquí varias veces, ser partícipes de lo que hagamos en conjunto precisamente como “sociedad”, y ayer esa manifestación por la paz me dejó un sabor amargo, como si nuestro grupo social estuviera deshumanizado, poseído por el egoísmo. No hace falta ser víctima de la violencia para expresar empatía ante la injusticia o la desgracia, y no creo que los pocos que acudieron a esa manifestación sean todos víctimas directas o indirectas de ello.

Muchos seguramente se reunirán para las festividades anuales de estas fechas, ya sea en ambiente religioso, o cultural, o de pachanga, o abiertamente político-electoral. Ojalá nos demos todos un momento para pensar en la sociedad que queremos, la que tenemos, y la que merecemos por nuestra apatía. Hoy les invito a reflexionar.


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