FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

A veces me he puesto a pensar sobre la relación que hay con la popularidad de un artista y sus conductas suicidas.

A pesar de mis hábitos poco saludables y enfocados a una vida de excesos, he vivido cinco años más de lo que tenía planeado cuando quería ser una estrella del rock. Es eso, no soy estrella del rock.

De todas las historias que hemos sabido de los famosos que pierden la vida a los 27 años, hemos visto que se mueren de sobredosis o atentan contra su propia vida.

Somos muchos a los que nos seduce esa idea, de que alguien con sufrimiento o aburrimiento tal como para quitarse la vida nos brinde algo de su mentalidad materializado en arte.

Pero, ¿han analizado de qué se trata?

Creo que es un exceso de libertad: hacer, tomar, comprar, poseer, follar, destruir, componer, caer, y caer, y caer, y caer, y caer…

Tenemos una ventaja sobre ellos: nos falta caer, y esto se debe a que pertenecemos a una sociedad de prejuicios, en la que tenemos que ser saludables, y como le llaman ahora: “políticamente correctos”, debemos tener la mesura a la mano, evitar excesos y, sobre todo, gastar el dinero en lo adecuado.

Vidas tormentosas, enfocadas al consumo de cualquier cosa que intoxique, con actos suicidas, como manejar en estado de ebriedad, destrucción de habitaciones, provocación de incendios, etcétera, siempre serán una buena manera de tener al espectador encantado. Estamos en una época en la que ese tipo de comportamientos son mera mercadotecnia, ya no se las creemos.

A propósito del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, conmemorado recientemente, puedo decirles que la nostalgia y la tristeza se disfrutan, hasta que algún aburrido o secuaz de alguna farmacéutica te dice que estás enfermo.


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