SERGIO SARMIENTO*
SERGIO SARMIENTO*

“Debemos consultar nuestros medios más que nuestros deseos”

George Washington

El presupuesto para el 2018 es cauteloso, lo cual es positivo. Durante mucho tiempo los gobiernos elevaban el gasto en años de elección presidencial y provocaban un crecimiento artificial temporal mientras sembraban las semillas de nuevas crisis.

El gasto total tendrá un aumento real de 2.2 por ciento en 2018 mientras que los ingresos crecerán 3.6 por ciento. El balance presupuestario tendrá una disminución de 10 por ciento, pero aun así el sector público registrará un déficit de 467 mil millones de pesos que se traducirá en deuda. Este aumento de la deuda y el incremento de las tasas de interés harán que el costo financiero suba 10 por ciento en términos reales.

El costo financiero, el dinero para servicio de la deuda, se elevará a 663 mil millones de pesos. Esto es más del doble de los 275 millones de pesos que gastará la Secretaría de Educación Pública, la dependencia que más recursos recibe.

Otro egreso que crece a un ritmo rápido son las pensiones, que crecerán 5.2 por ciento en términos reales para alcanzar 794 mil millones de pesos. El gobierno tiene obligación de subsidiar las pensiones, particularmente de quienes aportaron durante décadas al viejo sistema para el que no se crearon reservas, pero no es un gasto que ayude a mejorar los servicios públicos ni la prosperidad de la nación.

Los gobiernos se han hecho cada vez más aptos para manejar el gasto público para propósitos políticos. Los subsidios se han convertido en la forma más fácil de comprar el voto. Dale 500 pesos mensuales a un viejito y asegurarás no sólo su voto sino el de toda la familia. Por eso el programa de ayuda a las personas de la tercera edad garantizó la permanencia de la izquierda en el gobierno capitalino. El programa ha sido imitado en el gobierno federal y ahora Alfredo del Mazo quiere aplicar un subsidio rosa en el Estado de México. El problema es que los subsidios no ayudan a resolver los problemas de fondo ni a construir una sociedad más rica.

En el presupuesto para 2018 hay por primera vez en años una disminución de los subsidios. Éstos serán de 416 mil millones de pesos, lo cual representa una disminución de 8.3 por ciento sobre lo erogado en 2017. El monto, sin embargo, sigue siendo enorme.

El gasto público total será de 5 billones 202 mil 685 millones de pesos, lo cual equivale a 41 mil pesos por cada hombre, mujer y niño de nuestro país, pero los mexicanos no recibimos ni remotamente el equivalente en servicios.

Si a los 5.2 billones le restamos los 663 mil millones de costo financiero, los 794 mil millones de las pensiones y los 416 mil millones de los subsidios, para un total de 1.9 billones de pesos, queda relativamente poco dinero para que el sector público pueda cumplir con sus responsabilidades de fondo, como garantizar la seguridad y otorgar servicios públicos.

Nos estamos teniendo que acostumbrar, por otra parte, a que el gobierno gaste sin resolver problemas. Cada vez erogamos más en seguridad, pero los índices de inseguridad suben en vez de bajar. Gastamos carretadas de dinero en el combate a la pobreza, sin que caiga la pobreza. Dedicamos una enorme cantidad de recursos a la educación, sin que mejore la calidad de la enseñanza.

El año que viene el gobierno nos está pidiendo gastar 5.2 billones de pesos con un ingreso de sólo 4.7 billones. Esto nos endeudará más, pero además es un gasto cuyos beneficios no quedan claros.

 

Multa a monopolio

Los taxis del aeropuerto capitalino han sido por décadas un monopolio que ha costado mucho a los pasajeros. Ante los chantajes de los taxistas, el gobierno ha preferido protegerlos. Ayer, sin embargo, la Comisión Federal de Competencia decretó una multa de más de 23 millones de pesos a los taxistas del AICM.

 

*Twitter: @SergioSarmiento


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