Alberto Chiu
Alberto Chiu

Hoy se conmemora, como cada año, un aniversario más (el 170, para ser exactos) de la llamada “gesta heroica de los Niños Héroes”, aquellos cadetes del Colegio Militar que defendieron al mismo tiempo su escuela, su honor y el de la patria, durante la invasión norteamericana de 1847, y cuya historia –con mitos o sin ellos– sirvió durante muchos años para ensalzar el sentido de nación y patria para muchos mexicanos. Sentido que, lamentablemente, al parecer ha perdido terreno ante el miedo y la desesperanza.

A casi 200 años de ese ejemplo de valentía y sacrificio, hoy una buena parte de la sociedad está secuestrada por el temor de que algo le pase, al ver cómo sus vecinos, amigos o conocidos son víctimas de extorsión o de amenazas o incluso la muerte, tal como sucedió con la joven adolescente asesinada en el Arroyo de la Plata, apenas antier.

Comerciantes del centro de la capital han expresado, como lo publica hoy mismo El Diario NTR, la zozobra en que viven muchos por el llamado “cobro de piso”, una extorsión que consiste en que los delincuentes amenazan al dueño del negocio, a menos que pague una cuota para que ellos mismos lo “protejan”… de su propia acción. Es decir, les cobran por no hacerles daño, para que quede más claro.

Ante esta circunstancia, tal como lo señala la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño, cientos de pequeños comerciantes y empresarios locales han decidido mejor cerrar sus puertas y cambiar de giro, o simplemente dejar de prestar sus servicios, por miedo total. Miedo a que los delincuentes les vayan a cobrar en especie (con sus propias mercancías) o en sangre, como tal parece que podría haber ocurrido en el asesinato del Arroyo de la Plata. Al menos esa es una de las líneas de investigación.

Pero más preocupante aún es enterarnos de que también entre los comerciantes existe el miedo ¡a la policía!, pues no falta quien sospeche que si denuncia las amenazas, esos mismos ante quienes denuncia están coludidos con los maleantes y será como darles aviso a éstos de que no quiere pagar su “protección”, quedando sujetos así a su propia suerte. Vaya dilema en el que se encuentran.

Ese miedo a la autoridad, derivado de la sospecha de que está coludida con los maleantes, lleva a la sociedad a la desconfianza total, que no puede ser erradicada de la noche a la mañana, por más programas de “prevención del delito” que se implementen a través de pláticas en las escuelas o de eventos públicos de relumbrón que dejan, al final de cuentas, más dudas que certezas sobre quién cuida a los zacatecanos.

Ahora vendrá, como lo ha anunciado ya el gobernador Alejandro Tello Cristerna, el llamado “sistema de denuncia anónima” para que la ciudadanía no tenga desconfianza de que su exigencia de justicia se convierta en un dedo acusador en su propia contra… pero todavía no se implementa. ¿Confiarán los ciudadanos en esta “nueva” forma de participación social? Tengo una gran duda sobre ello.

Lo más preocupante, ahora, es que estamos llegando al punto en que nadie confía en nadie, ni en el gobernante de turno ni en el vecino de al lado, y todo se desenvuelve en la desconfianza generalizada que no permite el avance ni el desarrollo social o económico. El miedo es el que nos atora en todo aquello que emprendemos, y es muy difícil de erradicar.

Faltan las acciones contundentes para que, con muestras fehacientes, la ciudadanía vuelva a confiar en la autoridad, y esas acciones sólo se darán cuando nos muestren cómo tras las rejas van aquellos que están verdaderamente coludidos, aquellos que participan en el delito ostentando un cargo público, aquellos que se aprovechan del erario para su propio beneficio, aquellos que lucran con la pobreza y la marginación de la sociedad más jodida sin escrúpulos ni remordimiento alguno.

Falta, pues, más gobierno y más sociedad. Alguien tiene que empezar a poner el ejemplo.


Los comentarios están cerrados.