FERNANDO QUIJAS
FERNANDO QUIJAS

“Con esa música sí se me antoja una cerveza”, dijo mi prima Paloma, nacida y crecida en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, mientras sonaba en la radio de su camioneta el acordeón de una canción norteña.

Mientras ella manejaba, yo le daba un trago a mi cerveza, escuchando esa frase que se clavaba en mi mente junto con el bajosexto y los tarolazos de la rola que escuchábamos. Sonreí.

En segundos recordé las experiencias y emociones vividas con cerveza en mano en serenatas, bailes de rancho, camionetas, cantinas y congales. Esas experiencias eran marcadas por las canciones de Los Cadetes de Linares, Chalino Sánchez, Ramón Ayala, Los Tigres del Norte, Cardenales e Invasores de Nuevo León, entre otros grandes.

Abrazos a amigos, besos a desconocidas, pisotones en los pies a la bailadora, risas, llantos y cantos. Todo esto pasaba mientras el acordeón sonaba y un contrabajo marcaba el compás de la fiesta.

El sonido del acordeón me emocionó más, llevándome a terminar de un trago el contenido que quedaba en la botella de que tenía en mi mano, sabiendo que mi prima y yo continuaríamos con nuestra fiesta mexicana, la que habíamos empezado una noche antes.

“Es que es verdad, Fernando. Dime a quién le dan ganas de tomar con tanto sentimiento escuchando reguetón. ¡A nadie!”, me dice Paloma.

Creo que tiene razón.


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