FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

Nalgadas, pellizcos, cintarazos, chanclazos, hasta cachetadones me sobraron, todo para que aprendiera a ser una persona con modales, que sí los tengo, aunque parezca lo contrario.

Aún no entiendo cómo es que hay personas que no saben pedir las cosas ni tampoco darlas, que no saben ceder el paso, que creen que la vida es una lucha por parecer alguien con autoridad y poder sobre los demás.

Y, bueno, no sé si es prejuicio, pero no confío en la gente que no dice “por favor” ni “gracias”, no puedo respetar a un patrón que no da los “buenos días”, no es mi amigo el que va pregonando que te invitó un trago, y no le aprendo al maestro que escribe mal.

Recientemente, los siniestros naturales que han azotado a nuestro país han dejado mucha gente desprotegida, que ha perdido todo. Estos momentos de dar y recibir sacan lo peor y lo mejor de nosotros, así como hay un damnificado que arrebata las cosas de las manos de quien le ayuda, hay algún personaje que se jacta de ser un héroe y, peor aún, con bandera política.

Me dijo alguien que no importa que los políticos pongan su foto en redes sociales ni que empiecen a hacer campaña, que lo importante es que donen, pero así como aprendí a chingadazos a tratar de ser un poco amable y educado, también aprendí con chingadazos de la vida que los oportunistas no le sirven a la gente.

Vamos a dar y recibir, pero educadamente.

Por último, recuerdo algo que me decía mi papá: “Puedes ser lo que tú quieras, pero no seas malagradecido”.


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