SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Estar vivo parece siempre el precio de algo”

Julio Cortázar

 

Hasta ayer al mediodía habían sido rescatadas 53 personas de edificios derrumbados en el sismo del pasado 19 de septiembre. Ésta es la mayor historia de esperanza que nos ha dejado la tragedia. La cifra adquiere su verdadera dimensión cuando la comparamos con las 136 víctimas mortales contabilizadas hasta ayer en la Ciudad de México.

Ante estos rescates reales, la información mediática se centró en el intento de rescate de una niña, Frida Sofía, que nunca existió. La Secretaría de Marina señaló ayer que en el colegio Enrique Rébsamen fueron rescatados 11 niños con vida y 19 fallecidos, además de seis adultos. Descartó que hubiera alguna niña enterrada todavía entre los escombros. Frida Sofía, por otra parte, no está registrada entre las alumnas de la escuela. Alguien creó un mito para llamar la atención.

Algunas de las historias de los verdaderos rescatados son dramáticas. En el Hospital General Balbuena se encontraba ayer un hombre que, al no encontrar otra ruta de escape del edificio en que se encontraba, se arrojó desde un cuarto piso. Está vivo, realmente, de milagro.

En la calle de Amsterdam, en la colonia Hipódromo, en donde escribo este artículo, un edificio cercano se desplomó. Otros más están severamente dañados. El subsuelo es acuoso y poco firme. Es parte de lo que fue la laguna del Anáhuac. Ha sido siempre una de las zonas más afectadas por los terremotos. La calle ayer estaba llena de brigadistas y voluntarios que llegaron a ayudar desinteresadamente. Su entusiasmo se contagia.

Carmen, compañera de tantos años, intenta rescatar lo que puede de un apartamento severamente dañado. Ahí están, rotos, los jarrones que venían desde la bisabuela, los libros, los muebles, todos tirados y llenos de polvo. El apartamento parece haber sufrido un bombardeo. La mudanza es triste, pero permite rescatar recuerdos invaluables. En redes sociales, por otra parte, veo con tristeza que Paco Calderón, el admirado caricaturista, ha perdido la computadora y el trabajo de años.

¿Estamos mejor preparados que antes? Supongo que sí. Visito el C5, el nuevo centro de comando y control de la Ciudad de México, donde se concentran las imágenes de 20 mil cámaras urbanas. Hay equipo de comunicación de todo tipo, incluso de radio de banda civil, que sirvió hace unos días para establecer los primeros contactos con Juchitán, Oaxaca, tras el terremoto del 7 de septiembre que cortó todas las demás comunicaciones. En el C5 está también el centro de llamadas del 911, que recibe constantes reportes de urgencias que de inmediato se registran en mapas digitales. Ayer la mayoría de estos reportes tenían que ver con grietas y fisuras. El cuarto de crisis en el C5, en el que veo reunidos a jefes policiacos y políticos, así como a representantes de las fuerzas armadas, es seguramente el mejor lugar para enfrentar minuto a minuto una situación como la del sismo.

Los medios han centrado su atención en la capital, pero otros lugares han sufrido tanto o más. Jojutla, Morelos, es quizá la población que más ha resentido el sismo del 19 de septiembre. Juchitán, Oaxaca, fue la principal víctima del 7 de septiembre.

Mientras escribo este artículo me asedian los recuerdos. Ahí están las imágenes de la tragedia del 85, que viví en esta misma Amsterdam, a un lado de la calle de Laredo. Quizá entonces la destrucción fue mayor. Algo hemos aprendido. Pero la tierra nos sigue recordando que vivimos en la confluencia de varias placas tectónicas. México es un país que tiembla.

 

Desastre

La Ciudad de México ha sido declarada zona de desastre. En esta ocasión no hay exageración. La medida tiene como propósito liberar fondos federales; pero, aunque la ciudad no ha sido arrasada, los daños en algunos puntos concretos son realmente serios.

 

*Twitter: @SergioSarmiento


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