Tomás Mojarro
Tomás Mojarro

Un gobierno civil se consolidó en Guatemala. Felicidades, pues, pero a ver, un momento, no repetir el brindis. Aguarden, que algo quiero decirles. Este servidor, por razones diversas, aún ignora el discurso que en su toma de posesión lanzaría contra ustedes el Cerezo de las promesas fáciles

Viví en la Guatemala de los milicos, dije a ustedes ayer, y que mis amigos Marucha y Virgilio se lamentaron conmigo: “Cuándo tendremos un gobierno civil, como en México”.

Lo tuvieron. Vinicio Cerezo Arévalo de nombre. Yo, ya de nuevo en México, les envié, felicitación con reticencias, el mensaje que ahora reitero con la llegada de un Jimmy Morales a punto de caer donde antes, por corruptos, cayeron los presidentes Pérez y Portillo. Bien hayan los hermanos chapines.

El mensaje: Un gobierno civil se consolidó en Guatemala. Felicidades, pues, pero a ver, un momento, no repetir el brindis. Aguarden, que algo quiero decirles. Este servidor, por razones diversas, aún ignora el discurso que en su toma de posesión lanzaría contra ustedes el Cerezo de las promesas fáciles. Yo, mis amigos, no por aguarles el tinto sino por un dictado de pura amistad, les pregunto:

¿Cuántas promesas, qué de justicias y democracias, qué de vocablos vacíos de sustancia les lanzó en su discurso inaugural? Ya me imagino: el de Cerezo Arévalo (y el de los subsiguientes, ya podrán comprobarlo) fue un discurso redondo, de mucha sonoridad;

Y lo que vale en nuestros pueblos al sur del Bravo una democracia ajena, importada, falseada, mal practicada y que entre nosotros debería ser social antes que sólo formal y representativa, que propicia una quebrazón entre la promesa de candidato y la realización del gobernante. Esto allá como aquí mismo, donde a estas horas las masas sociales son bataneadas por la verborrea de los aspirantes a puestos de elección popular. Siniestro.

– ¡Mi gobierno retornará al camino de la democracia, la justicia social y el respeto irrestricto de los derechos humanos!

Perfecto. Ya contaban ustedes con un gobierno civil. Yo, entonces me arriesgué al papel de aguafiestas y les envié aquel mensaje reservón: ya tienen ustedes su gobierno civil, felicidades. Atrás han quedado la bota y el espadón. Seguro estoy de que a solas, en aquel cuarto que huele a maderas, a estas horas brindarán con tinto y alzarán la voz y la copa en honor del civil. Como en México. Ya tienen en el gobierno a Cerezo Arévalo. Felicidades, pero un momento, no repetir todavía el brindis; aguarden, amigos, que algo quiero aclararles.

Mal fario para los pueblos que sólo se atienen a “la democracia del voto”, frase con la que las manipulan en el discurso, cuando la realidad objetiva les muestra y demuestra que el puro voto no tuvo fuerza ninguna. Allá, en Guatemala, antes de Colom ustedes, hermanos chapines, estrenaron el gobierno civil de un corrupto y asesino de nombre Alfonso Portillo que llegó con la promesa de “crear un nuevo país, basado en la paz, el respeto a los derechos humanos y mejores oportunidades para todos”. Y este Portillo resultó ladrón y anduvo prófugo en nuestro país. De ese calibre es la “democracia” que nos cantan al sur del Bravo. Clamaba Alfonso Portillo, presidente de Guatemala:

– ¡Voy a restar poder a los militares! ¡Soy un hombre del pueblo y a mi pueblo me debo como gobernante!

Anduvo prófugo el asesino por ladrón. Seis días antes de su toma de posesión ocurrió que en Zumpango de Neri. Guerrero, familiares de los dos estudiantes asesinados un 22 de agosto de 1982 por este Alfonso Portillo cuando arrimado a la Autónoma de Guerrero, condenaron la acción de Zedillo al entrevistarse con el matón y demandaron justicia por la muerte de los dos estudiantes “a los que Portillo asesinó con premeditación, alevosía y ventaja”.

(Sigo después.)


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