FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

El sentimiento de superioridad espiritual e intelectual se presenta muy seguido en algunos amigos que, en el afán de encontrar respuestas y mejorar su vida, adoptan hábitos, razonamientos y creencias diferentes a los de la mayoría.

No he logrado entender por qué está mal que ayude a un perro de la calle si me gusta, necesito y disfruto comer carne.

No he entendido por qué el que no sigue alguna religión o creencia de la existencia de un ser omnipotente es mejor persona que los que creen en algo.

Me faltan las personas que se jactan de ser sanos, alejados de los vicios, que corren 5 y 10 kilómetros, y no se desvelan, regularmente juzgan la vida de las personas con las que antes perdían el tiempo en las toxicomanías.

¡Ah!, y los que creen que el que escucha música de reguetón, banda o Los Temerarios es maleducado o “naco”, según el estrato social que exprese dicha idea.

¡Órale, el del camión traía canciones de Radiohead!

–¿Y? ¿Qué tiene o qué? ¿Si no fuera así y escuchara las cumbias o las de Los Acosta sería un mal operador, mala persona?

Este tipo de juicios y prejuicios se escuchan a diario, en cualquier lado, aseveraciones, aun estos renglones le dan en la madre a nuestra sociedad.

Religiosos buenos y malos, consumidores de carne que han hecho mucho por los animales, aficionados a la música poco aceptada con más educación que los que creen que escuchar música de géneros complejos y en otro idioma los hace diferentes, runners que se acuerdan de sus pedas y acid trips con gusto, eso siempre hay y debería prevalecer.


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