ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Bien dice el dicho que “halago en boca propia es vituperio”, y se hace efectivo cada vez más comúnmente entre políticos de todas las escalas y niveles de gobierno, en prácticamente todos los estados del país. La aparente necesidad de reconocimiento popular lleva a muchos gobernantes a sucumbir a la tentación de autopromocionarse, y lo hacen constantemente ya sea por sí mismos, o con la ayuda desinteresada de sus “asesores” y “colaboradores” que acaban, finalmente, por echarlo de cabeza.

Ya en el sexenio pasado le sucedió a Miguel Alejandro Alonso Reyes, hoy flamante titular del Fonatur, y ahora parece pasarle lo mismo a Alejandro Tello Cristerna, al lanzar a la circulación una suerte de revista que, disfrazada de “órgano de difusión”, utiliza recursos públicos para promocionar la figura del gobernador (y de paso, la de su esposa), con el pretexto de informar sobre las acciones del gobierno.

A instancias sabrá Dios de quién –quizá del propio mandatario en turno, quizás por recomendación de alguien más–, el chiste es que el gobierno del estado gasta recursos públicos en diseñar, imprimir y distribuir grandes cantidades de un panfleto repleto de fotografías que ensalzan la figura personal del mismo, como si fuera la pieza clave o fundamental de la información. Lo importante es la foto del personaje, y no de la obra o acción, parecen decir en el mensaje visual.

En esa tentación han caído muchos gobernadores que, mediante espectaculares, presentaciones de libros autobiográficos, carteleras, spots en televisión o radio, e incontables publicaciones en las redes sociales, hacen de su persona un objeto promocional, muchas veces buscando brincar al siguiente escalón en su carrera, ya sea una senaduría, una curul en el Congreso federal, o lo que caiga, incluso tratar de simplemente no dejar una “mala imagen” en la sociedad una vez que acabe su encargo oficial.

Lamentablemente para ellos, no siempre resulta de esa manera, y son también muchos los ejemplos que hay de gobernantes que, a pesar de esa autopromoción, no quedan bien parados ante la sociedad sino que, por el contrario, son recordados por su dispendio de recursos en la exaltación personal, contrastante con las enormes necesidades que todos los días expresa el pueblo.

Y ni hablar de las consecuencias legales o jurídicas que tenga un panfleto como el que ahora han bautizado “Al Día”, que se distribuye en la calle, en las oficinas de las diversas dependencias gubernamentales y hasta en establecimientos privados, pues eso tendrán que decirlo los expertos en las leyes, ya sea que califique como delito o simplemente como “resbalón mediático”.

Caray, tanto que se han esforzado los legisladores (es un decir) por prevenir que se utilicen este tipo de medios para promocionar personalmente a personajes con la intención de cargar la balanza a su favor en, por ejemplo, las siguientes elecciones, como para que nadie les haga caso a las normas y reglamentaciones que hay en la materia…

Tanto que se ha esforzado el INE (es un decir, también) en ordenarle a gobernadores suprimir esa clase de promoción en todo el país, con el pretexto de las inequidades y de que se lastima el “piso parejo”, como para que encima ahora esa publicación en Zacatecas quiera apuntalar la figura del gobernador (quien dice que no tiene más aspiraciones políticas ulteriores), o la de su esposa (de quien se dice sí tiene aspiraciones y en serio).

Pareciera como si intencionalmente se quiere mandar al demonio todos esos esfuerzos (por pequeños que parezcan), con tal de posicionar entre la sociedad la imagen y figura de ciertos personajes que, según las mediciones más recientes, están pésimamente calificados. Qué manera de sucumbir a la tentación del reconocimiento gratuito, que ni siquiera viene desde fuera, desde el pueblo, y sí más bien de quienes basan su permanencia en el gobierno en el mayor grado de sumisión y lambisconez de que son capaces, creyendo que alabar al jefe es sinónimo de buen impacto y éxito social en automático. Lástima.


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