ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Lo confirmó finalmente el Instituto Nacional Electoral: sí hay una violación a la máxima ley de nuestro país en la publicación de una “revista” que “informa” de logros o quehaceres gubernamentales. Lo reprocharon también algunos representantes populares –de oposición, claro, ni modo que los de su casa se lo echen en cara–, por la autopromoción que hace de la figura del gobernador (y de paso, la de su esposa, por ejemplo).

Sin embargo, ya el INE dijo que tendrá que venir una querella de parte de alguien para que se investigue y se arme un caso sobre el asunto, a lo que los partidos políticos de “oposición” (¿?) prácticamente respondieron con dudas, como que lo iban a pensar… o sea, que se hicieron como que la Virgen les hablaba. ¿Entonces en qué quedamos, pues?

Las actitudes timoratas desde la oposición nos dan la imagen de que o no les interesa perseguir esas violaciones a la ley… o de plano ya están “arreglados” con acuerdos por debajo de la mesa, a cambio quizás de alguna que otra prebenda o trato especial, sobre todo ahora que está abierta la temporada electoral. Así o más fregados…

Ahora bien, quiero suponer que semejantes imprudencias –como la impresión y distribución de la “revista” llamada Al Día– no son del propio gobernador Alejandro Tello Cristerna, sino de alguno (o varios) de sus acomedidos colaboradores que, lejos de toda razón, o por ignorancia supina, piensan que nadie se dará cuenta (es decir, que nos consideran a todos unos idiotas), o de plano lo saben pero les importa un cacahuate.

Y esta segunda razón es mucho más peligrosa, pues implicaría que también les importa un bledo el que su jefe, el jefe de las instituciones estatales, salga raspado por lo menos mediáticamente gracias a sus ocurrencias. Es decir, que si no les importa lo que diga el pueblo, mucho menos les interesa lo que le pase o lo que se diga del mandatario Tello, mientras ellos sigan mamando de la ubre burocrática.

El asunto, por demás, es encima mucho más complicado ahora por estar metidos ya de lleno en un proceso electoral que, según algunos analistas, podría ser quizás el más complejo de los últimos 30 años –tal vez el más enredado desde 1988–, cuya complejidad se acrecienta por factores tan diversos y tan difíciles como la deplorable situación financiera que tienen actualmente las administraciones municipales y la estatal así como la que se avecina el año que viene.

O factores como la triste y desgraciada imagen que se han forjado los propios políticos y sus partidos a base de golpes de corrupción, chanchullos, malversación de recursos, omisiones de políticas públicas, y la tan llevada y traída impunidad gracias a la cual muchos de ellos nunca pisan ni un juzgado ni una cárcel, a pesar de que medio mundo conozca de sus tranzas y sus enriquecimientos inexplicables.

O finalmente como la ya de por sí difícil situación de inseguridad pública que provoca, en todos los rincones del estado, una mezcla de miedo, reserva, falsas expectativas y desesperanza ante los constantes embates de la delincuencia (organizada o común), que se han llevado desde los patrimonios de muchas personas hasta la vida de otras tantas, con las afectaciones familiares que acompañan generalmente a estos casos.

Así que muy bien los pretendidos “ayudantes” y “colaboradores” del gobernador de plano parecen no haberle medido el agua a los camotes, y ahora tienen metido a su jefe en camisa de once varas, danzando en el riesgo de que a algún listillo se le ocurra interponer la denuncia correspondiente, y podrían acabar por enlodarlo (¿más?) en medio del proceso electoral que ya le ha dado muchas excusas a la oposición para hacerlo trizas cada vez que hablan.

Luego de su primer informe de gobierno, Alejandro Tello adelantó que vendrían cambios en su gabinete. Ojalá cambie a quienes no le ayudan más que a hundirlo, por su bien y el de Zacatecas.


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