SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“El nacionalismo es una exageración del egoísmo particular”

Fernando Savater

Un número elevado de catalanes votó ayer en un referéndum independentista. El voto había sido previamente declarado ilegal por el Tribunal Constitucional español debido a que la constitución declara “la indisoluble unidad de la nación española”. La votación se hizo sin padrón, sin identificaciones, sin controles. Quienes votaron estaban comprometidos con la independencia, quienes no lo estaban no acudieron a sufragar. No se requería de mucha ciencia para conocer que el resultado oficial favorecería la separación.

No es inusitado que una constitución declare indisoluble a un país. Lo hace también la constitución de nuestro país: “La nación mexicana es única e indivisible”. El gobierno federal de Estados Unidos recurrió a una sangrienta guerra civil en 1861-1863 para evitar la secesión de los estados del sur.

Muchos políticos de izquierda han respaldado el referéndum y la independencia, pero el independentismo de Cataluña, una de las regiones más ricas de España, es fundamentalmente conservador. Cuando los catalanes se quejan de que “España nos roba” quieren decir que el Estado español utiliza fondos públicos para dar apoyos a las regiones más pobres, como Extremadura y Andalucía, de la misma manera en que la Unión Europea ha ayudado a sus países más pobres, como España (con Cataluña incluida). Muchos catalanes se oponen a la redistribución de su ingreso con otros españoles más pobres. Lo entiendo, pero es como si en México, Nuevo León y Baja California se independizaran para no seguir entregando recursos a Chiapas y Oaxaca.

Al final ninguna constitución podrá impedir que una comunidad se separe si ésa es su voluntad. México se independizó de España en 1821 y, a pesar de sus resistencias iniciales, Madrid reconoció esta independencia en 1836 con el Tratado de Santa María-Calatrava. Un país que se hace independiente, por otra parte, rechaza usualmente la separación de alguna de sus partes. Cuando Texas declaró su independencia de México en 1835, el gobierno mexicano respondió con una guerra contra los independentistas.

No parece que el independentismo cuente con el respaldo de la mayoría de los habitantes de Cataluña. Si bien los partidos que hicieron campaña por la independencia, Junts pel Sí y Candidatura de Unidad Popular-Llamada Constituyente, ganaron las elecciones autonómicas de 2015 y formaron gobierno, lo hicieron con apenas 46.8 por ciento de los votos. A pesar de eso organizaron el referéndum y anunciaron que considerarían un voto por el sí como un mandato para declarar la independencia en 48 horas. No importaba que sólo los partidarios de la independencia participaran en la votación.

La independencia de Cataluña sería dañina para todos, especialmente para los catalanes. Mientras no la reconozca el gobierno de España, que no puede hacerlo mientras no se modifique la constitución, Cataluña no sería aceptada como independiente por Europa ni por la mayoría de los países del mundo (muchos tienen también regiones con movimientos separatistas). Los catalanes enfrentarían fuertes problemas para comerciar y relacionarse con el mundo.

El apoyo electoral del separatismo, por otra parte, ha sido menor en Barcelona, más cosmopolita, que en el resto de la región. ¿Qué pasaría si Barcelona decide separarse de Cataluña para permanecer en España o para hacerse independiente? Difícilmente se le permitiría. Los políticos nacionalistas exigen el derecho a la independencia, pero no lo reconocen a sus comunidades.

 

Represión

El gobierno catalán logró finalmente lo que quería. La represión policial del referéndum de ayer no hará más que fortalecer la causa independentista. Bastaba con declarar nulo e inválido el referéndum. Usar la fuerza pública contra quienes querían votar fue un error.

 

*Twitter: @SergioSarmiento


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