ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Todavía no llega a manos de los diputados el proyecto de Presupuesto de Egresos para el año que viene, pero al menos el priísta Carlos Peña Badillo, en su calidad de presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública en la representación popular, ya adelantó que habrá que asignarle mayores recursos a la seguridad, la educación y la obra pública y social. Como que trae ganas de jalar reflectores.

Ojalá que, en algún momento, esas prioridades que él ya definió –y que supongo delineó con base en lo que le dicen sus representados y en la voz del pueblo que ya escuchó– sean compartidas por el gobernador Alejandro Tello Cristerna, que en todo caso es quien deberá enviar al Congreso la propuesta correspondiente.

Lo curioso del caso es que suena a que –oootra vez– como que se le adelantan al mandatario, quizás inopinadamente, quizá con toda la intención de sobresalir… por encima de éste, por supuesto. El asunto es que, en efecto, esos rubros sí son prioridad para muchos zacatecanos que nomás no ven que se detenga la ola de violencia, sino que la ven crecer, y que tampoco ven resultados tangibles ni en educación ni en obra pública ni social.

No es la primera vez que un funcionario juega a rebasar al jefe por la derecha, y eso –a los ojos de algunos viejos lobos de la política– es muy mal visto y habla, en todo caso, de una falta de control del gabinete y, por supuesto, de ambiciones personales que superan el espíritu de institucionalidad que, supuestamente, debería reinar en el trabajo “en equipo” que realizan todos los actores que participan en una administración gubernamental donde hay una cabeza y diversos miembros operadores, cada quien en su chamba.

Pero a pesar de estos rebases, el chiste es que no parece haber tampoco consecuencia alguna, puesto que sucede una y otra vez y, en lugar de componerse, todo indica que más bien al gobernador le dejan (o le toca, o de plano él escoge) aventarse los trompos directos con asuntos menos importantes, de los que tampoco ha salido muy bien parado que digamos.

Según esos viejos lobos, hace falta más conducción, más energía y decisión con muestras contundentes de ejercicio del mando de parte de la cabeza, para que al mismo tiempo sus subordinados entiendan qué papel juegan en el gobierno, y acaten las decisiones tomadas desde arriba.

Porque este juego de rebasar al jefe, quiérase o no, también alimenta una percepción entre la sociedad: que quien está sentado en la silla del mando no es quien manda, sino “alguien más”, sean sus subordinados o cualquiera, y de dicha situación tampoco parecen salvarlo (quizás ni quieran salvarlo) sus mejores asesores que, por cierto, en estos tiempos parecen más metidos en el asunto electoral, reuniéndose abiertamente con el partidazo, y empezando a tomar posiciones que quizás les lleven a una sola cosa: permanecer en la burocracia. O sea, que cada quien ve por sí mismo, pero todos en conjunto no son capaces de ver por el estado, por las instituciones, por la gubernatura ni por quien la ostenta. Su prioridad son ellos.

Y si a esas vamos, preparémonos entonces para ser testigos de cómo la conformación de la propuesta de presupuesto para el año que entra se discute de acuerdo a las prioridades de cada quién; y luego, en la discusión en el Congreso, vendrán las prioridades de esos otros 30 dizque “representantes populares” que, en el mejor de los casos, se representan sólo a sí mismos y a unos cuantos que los pusieron ahí.

En todo este asunto de las prioridades, quedan lejos –como siempre– las evaluaciones y mejores prácticas de análisis que especialistas como los universitarios hacen para definir las necesidades del pueblo; y quedan mucho más lejos las reales carencias de la sociedad, que sólo ve pasar el dinero que es suyo, e ir a dar a unas cuantas manos. ¿Cuándo será Zacatecas su prioridad?


Los comentarios están cerrados.