SERGIO SARMIENTO*
SERGIO SARMIENTO*

“La antigua Roma declinó porque tenía un Senado. ¿Qué va a pasar con nosotros ahora que tenemos un Senado y una Cámara de Diputados?”

Will Rogers

 

La pancartitis, como la mala educación, se pega. El contagio, en efecto, se extiende con mayor facilidad en lugares cerrados en los que se reúne mucha gente que no está acostumbrada a tener sus propias opiniones. Quizá por eso se registró un brote tan severo este pasado 3 de octubre en la Cámara de Diputados.

Desde hace mucho tiempo los diputados de oposición han expresado sus protestas a través de pancartas u otros recursos para llamar la atención. Marco Rascón, del PRD, en su momento consideró que la forma más inteligente de cuestionar al gobierno era ponerse una máscara de puerco. Supongo que cada quien se expresa como quiere o como puede.

Nos hemos acostumbrado a ver en el Congreso protestas con pancartas, tomas de tribuna e incluso bloqueos de accesos. Recuerdo a un diputado, Alfonso Ramírez Cuéllar, entonces del PRD y hoy de Morena, que en 2005 protestó por alguna cosa u otra –nunca falta pretexto– ingresando al Palacio Legislativo a caballo.

Cuando el PRI gobernaba, en los tiempos de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, las pancartas y las máscaras de puerquito las llevaban los diputados del PRD. Cuando gobernó el PAN, con Vicente Fox y Felipe Calderón, también lo hacían los perredistas. Hay que reconocer que los priístas no se unían usualmente a estas prácticas. No sé si estaban más educados o simplemente eran más disciplinados.

En este nuevo gobierno priísta de Enrique Peña Nieto hemos visto la multiplicación de las pancartas. A las filas de los pancartistas del PRD, el PT y Movimiento Ciudadano, se unieron pronto los morenistas que se escondieron de su alma máter del PRD. La enfermedad, sin embargo, se está convirtiendo ya en epidemia. Este martes fueron los diputados del PRI y sus aliados del Partido Verde y Encuentro Social los que llegaron a la sesión plenaria con pancartas.

Los priístas no parecen tener gran capacidad en la elaboración de pancartas. En el pasado, los partidos de oposición nos daban pancartas ingeniosas, rimadas, insultantes, pero usualmente con ingenio. Las del PRI del martes parecían escritas en una oficina burocrática: “AMLO no seas lagarto”, “Alejandra puro rollo”, “No seas cAnaya”, todas seguidas con “#FirmaYa”. Imagino que a los líderes se les olvidó decirles a los diputados que no eran bots en una campaña en Twitter. Eso sí, las pancartas estaban muy bien impresas, con tipografía profesional y grandes fotos de los agredidos. Los priístas también llevaban unas lonas grandes con fotografías de Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya y Alejandra Barrales con la leyenda: “Se buscan”.

Los diputados del PAN no estaban en el salón de plenos, pero los de Morena reaccionaron enfurecidos. Levantaron sus propias pancartas, que siempre tienen, acusando al PRI, al gobierno y al Estado mexicano de haber matado a los estudiantes de Ayotzinapa (ya se olvidaron de José Luis Abarca). Hubo empujones hasta que los líderes de los partidos acordaron dejar de lado todas las pancartas.

El circo fue divertido. Es claro que el PRI ha decidido responder a los partidos de oposición con una sopa de su propio chocolate. No hubo el martes, por supuesto, ninguna discusión seria sobre el presupuesto o sobre la reconstrucción, pero eso es normal en el Congreso. Esperemos que el acuerdo contra la pancartitis no dure mucho. Imagínese usted si los diputados tuvieran que empezar a debatir con argumentos en lugar de pancartas e insultos. Pero bueno, no creo que haya mucho riesgo.

 

Independientes

¿Se acuerda usted de cuándo algunos pensaban que los candidatos independientes eran la solución para el país? Pues ahora viene ya la caballada de los independientes con Armando Ríos Píter, El Bronco y Pedro Ferriz de Con. Escoja usted.

 

*Twitter: @SergioSarmiento


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