FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

Tuve una etapa de intento de animalista radical, ofendía a los taurinos (a capote y espada, jaja), compartí en las redes sociales fotos de toros agonizando y todo este tipo de cosas, que a la fecha se me hacen de mal gusto. Sigo sin estar de acuerdo con muchas cosas, la mayoría tal vez, pero aprendí por mi trabajo a verle el lado interesante y a respetar el gusto de las personas.

No sé si en todos los lugares se viva la “Fiesta Brava” igual que en Zacatecas, pero lo que he observado me parece gracioso.

La parafernalia taurina zacatecana es muy, digamos, poco seria. Como a todos lados, la mayoría de la gente llega tarde, la mitad de la plaza voltea a ver al “paseíllo” y la otra mitad a las bellezas que hacen su entrada triunfal a localidad de sol, esto si no hubo cortesías para sombra.

Se tardan todo el primer tercio del primer toro en acomodarse, porque la señora de al lado alcanzó boleto sin secuencia en la numeralia de las cortesías, pero su afán es pasar una tarde de toros con la familia, todos juntos, para rayarle la madre al juez al unísono, cosa que no vi en ninguna otra plaza.

Los primeros dos toros casi siempre pasan de noche, en lo que la gente se acomoda en sus lugares y se reparte en vasitos los contenidos de las botas plásticas, piratas, por cierto.

Ya en los lugares asignados por la mera buena onda y no por los estrictos números de las filas y líneas, se escuchan los rumores de que está tal o cual político al lado de tal o cual invitado, que el gobernador iba con novia para tapar apariencias o, en este caso, el actual va con las esposa, que “no lo deja ni echarse un pedo”. Esto último lo escuché, no lo digo yo.

Después de todo esto, empiezan a verse bostezos y gente que parece que sigue la actuación de Toño Romero, el “torero de la tierra” en el celular, mismo que, en afán de llamar la atención, le pide una y otra vez la Marcha de Zacatecas al maestro Salvador García, quien dirige la Internacional Banda Sinfónica del Estado.

Termina la faena de cualquiera de los toreros, y después de pedir orejas y rabo para un binomio toro-torero, que no fue muy bueno, empiezan las rechiflas y mentadas al juez de plaza.

Mientras arrastran el cadáver del toro, el zacatecano murmura, pobre animal. Dicho sentimiento de culpa y empatía termina con el estruendoso inicio de la novena ejecución de La Marcha, ya desde la octava suena con menos patriotismo y ganas.

Ya para la mitad del festejo, los políticos empiezan a abandonar el coso, para seguir con sus múltiples ocupaciones, ir al restaurante de lujo a brindar, por ejemplo. Al momento que la gente ve al gobernador con las negras intenciones de abandonar a “su gente”, empiezan las peticiones de un cartón, es decir, unas chelas para la turba.

Es raro y es chistoso cómo de algo que en otros países, hasta en otros estados, es de mucho respeto y protocolo, acá lo hacemos una algarabía de barrio. Además de que hay quien lo usa como escaparate para pretensiones políticas y para salir en las fotos de la prensa rosa.


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