Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ayer se presentó, en público de la gente (como dicen en el rancho), el recientemente conformado Frente de Sindicatos Unidos por la Educación del Estado de Zacatecas. Espectacular nombre que a más de uno nos hizo pensar que los trabajadores de la educación se meterían de lleno, desde sus trincheras sindicales, a los asuntos de fondo de la formación de nuestros niños y jóvenes, sus carencias y deficiencias, las mejores formas de elevar la calidad de la enseñanza, etcétera. Pero no.

Como parece que las cosas de la educación van por otro camino, al menos se conformaron para, según dijeron, picarle las costillas al gobernador Alejandro Tello y a los diputados locales para que resuelvan primero, lo más pronto posible y a como dé lugar, las broncas de dinero y laborales que tienen los subsistemas de educación pública media superior y superior. Por eso están ahí representados los trabajadores agremiados del Cecytez, el Cobaez, Conalep, Izea y hasta la Universidad Autónoma de Zacatecas.

En total, dijeron representar a unos 5 mil trabajadores de estas instituciones educativas, y su objetivo es que no les recorten el presupuesto y que se les respeten todos los logros y derechos laborales y económicos que han obtenido a lo largo de la historia, así como exigirle a la autoridad estatal que cumpla con aquello a lo que se ha comprometido para con ellos y sus fuentes de trabajo.

Vamos, pues, que hasta el momento son un frente sindical que propugna –congruentemente, cierto– la defensa de estos trabajadores de la educación ante posibles abusos, acosos, malos tratos e inequidades en las que incurren –no pocas veces– quienes dirigen o administran las instituciones.

Hasta ahí, se entiende que al defender la dignidad de sus trabajos como docentes defienden también, a la vez, el derecho a la educación de sus alumnos, y al gozo de instituciones e infraestructura dignos para recibir su formación académica.

A mí me gustaría que también, además de defenderse ellos, se lanzaran de lleno al análisis de las condiciones específicas de la impartición de clases, al estudio y revisión de los contenidos académicos particulares de cada escuela tomando en cuenta su entorno geográfico, económico y social, y propusieran –tanto al gobernador como a los diputados– quizás una mejor metodología y contenidos para la enseñanza.

Quizás también podrían aportar, por ejemplo, diversas estrategias particulares y focalizadas para prevenir y evitar la deserción escolar o el acoso entre alumnos, para diseñar mejores planes de estudio que se adapten al medio en que viven los alumnos que atienden, cuyas necesidades y anhelos especiales varían de región en región, siendo Zacatecas un estado tan vasto y tan complejo y tan diverso.

Como quiera que sea, ojalá en algún momento la lucha sindical por la defensa de sus derechos incluya también o se traslade hacia la lucha por una mejor educación que, aunque reciba los lineamientos generales desde el nivel central, puede –y debe– enriquecerse con la experiencia y los conocimientos locales, en los que ellos tienen una participación innegable, pues conocen tanto las regiones geográficas como las condiciones económicas y, lo más importante, conocen a los alumnos y a sus familias, y el entorno en el que viven y conviven.

El primer paso está dado. Ahora faltará ver qué tanto caso les hacen el gobernador y los diputados, y cómo es que reaccionarán los profes en un futuro inmediato, ya sea ante la atención de la autoridad, o ante su desinterés. Bien sabido es que la fuerza de trabajo magisterial representa –querámoslo o no– una muy poderosa, sobre todo a la hora de tiempos electorales… y ya vienen elecciones en puerta.

Tendremos que estar atentos a sus acciones para tratar de discernir si se encargarán de ser efectivamente un frente unido “por la educación”, o si sólo se dedicarán a defenderse laboralmente aunque la calidad de las clases que impartan se vea dañada. Quisiera pensar que le apostarán a lo primero… pero sólo ellos tienen la respuesta.


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