Manuel J. Jáuregui
Manuel J. Jáuregui

Así como para los médicos la regla de oro es “no hagas daño”, igual se aplica a los políticos.

Un buen servidor público, como un buen médico, debe saber anteponer los intereses superiores del cuerpo público, esto es, de la sociedad, a los propios.

Servir a los demás, y no servirse de ellos, representa –o debe representar– el mandato primario.

Sólo los malos políticos, los incompetentes servidores públicos, anteponen sus intereses personales, sus ambiciones megalomaniacas, al interés general.

Tristemente, en los últimos días hemos sido testigos de DOS malos ejemplos del egoísmo, del “yoísmo” por parte de aspirantes presidenciales, en los que la obsesión personal y el interés individual se anteponen al interés colectivo, esto es, al de la sociedad.

Los casos de Margarita Z. de Calderón y Jaime Heliodoro Rodríguez simbolizan ambos el MEGAEGO desplegándose en toda su fealdad, ubicando ambos protagonistas sus muy personales ambiciones por encima de todo, de la cordura, de la razón y, por supuesto, del interés colectivo.

La Sra. de Calderón, quien bajo ninguna óptica o métrica conocida está capacitada para ser Presidenta (haber sido Diputada en una ocasión no es sello de aprobación ante la ausencia de conocimientos, experiencia y capacidad), incitada seguramente por el berrinchudo de su marido, el ex Presidente, prefiere DIVIDIR y destrozar al PAN antes que someterse a los procesos y reglas internas de este instituto, que era el de ellos, para el que trabajaron, bajo cuya sombra hicieron ambos sus carreras políticas y bajo cuyo paraguas escalaron puestos públicos.

La división por ellos causada en el contrapeso del PRI, que es el PAN, sin duda fortalece al partido tricolor rumbo a los comicios del 2018.

Hay quienes afirman que a la ex Primera Dama la alentaron en su rompimiento los priistas vía interlocución de Manlio Fabio Beltrones.

Como independiente nada logrará la Señora de Calderón, salvo restarle votos al PAN, justo los que necesita para poder salir airoso en la contienda electoral del año que entra.

Su capricho de “o soy yo o no es nadie” será el clavo en el ataúd del PAN.

El caso de Rodríguez es muy parecido: prácticamente desde que logró –con el apoyo de una sociedad urgida de cambio, una a la que ahora TRAICIONA abandonándola– convertirse en el primer Gobernador independiente de México, comenzó a fraguar su plan de lanzarse a la Presidencia.

Tanto tiempo le dedicó a esta meta personal que desatendió sus obligaciones como Gobernador, incumpliendo la mayor parte de las promesas de “cambio” que ofreció en su campaña.

En consecuencia, su gestión como Gobernador ha sido mediocre tendiendo a mala, paradójicamente demostrando con su aspiración –u obsesión presidencial– que él TAMPOCO está calificado para ser Presidente.

Tener la ambición no significa poseer el talento, la capacidad, los conocimientos, ni la mentalidad requerida para ser el líder de una nación.

Para ser líder, un verdadero líder, se requiere tener visión –no sólo ambición–, poseer y ejercer una métrica de valores, saber darle prioridad a los retos que se enfrentan, y organizar y encauzar movimientos positivos de cambio.

Suele decirse de los que yerran fuerte que “en el pecado llevan la penitencia”, y como lección del destino éste parece ser el caso de AMBOS ahora candidatos presidenciales “independientes”.

¡Irán el UNO CONTRA el otro!

Ambos creen –errónea y falazmente– que su “carisma” es tal ante los electores que esto los convierte en automático en rivales del LÍDER de las encuestas presidenciales, ahora fortalecido aún más por los eventos descritos, Andrés Manuel López Obrador, y que sólo ellos “lo pueden vencer”.

Si no acarreara el hecho tantas consecuencias nocivas sería RISIBLE.

Ni la Señora de Calderón ni Rodríguez le quitarán un solo voto a AMLO; en todo caso, le quitarán votos al PAN o UNO AL OTRO.

Esto último en una lucha harto dispareja, pues la Señora aventaja en las encuestas a Jaime Heliodoro 7 u 8 a uno.

Lo que suba uno será en perjuicio del otro y NO de AMLO; eso sí, le ayudarán ambos al PRI, pues el voto “anti–PRI” se fragmentará aún más, de tal manera que el “voto duro” priista podría llegar a ser suficiente (con un 25 a 29 por ciento) para que gane por una nariz.

Si esto sucede será gracias a estos independientes que sobreestiman su influencia y minimizan la de los demás. La definición misma de la megalomanía.

Mal ejemplo dejan a la rastrera política mexicana estos actos de sublimación por encima de todo de la ambición individual EN CONTRA de los intereses públicos.

Ello por parte de dos protagonistas, una mayor y uno menor, de la de por sí muy desprestigiada política nacional en la que hacer daño, en lugar de evitarlo, lo propician estos dos individuos cegados totalmente por su ego.


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