ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Este lunes inicia, tal como está programado, la serie de comparecencias de funcionarios de primer nivel ante los diputados de la LXII (62) Legislatura, con el fin de hacer la famosa “glosa” del Primer Informe de Gobierno de Alejandro Tello. Para muchos zacatecanos, hoy se levanta el telón que da pie a un bonito teatrito donde el gobierno hace como que informa, los representantes del pueblo hacen como que cuestionan, y todos hacen como si les importara. Bienvenidos a la escenificación del interés político sobre la realidad social.

Disculparán ustedes que adelante vísperas sobre cómo resultarán las comparecencias que este día abren con el tema de “Seguridad Humana” (yo creí que hablarían de seguridad pública, tal como está en la ley, a menos que ya le vayan a cambiar el nombre a la dependencia como “Secretaría de Seguridad Humana”…), pero es que ha sido así desde hace ya tanto tiempo, que me reservo el derecho de creer que en algún momento cambiará. Cada quien saldrá a hacer su papel.

Primero, como han dado a conocer, hablarán los funcionarios unos 15 minutos –que seguramente utilizarán para presumir cómo, por instrucciones de su jefe el gobernador, el estado ya es diferente y superior–, luego los diputados tendrán prácticamente dos horas a su disposición para “cuestionarles” (seguramente ni los usarán), otros 20 minutos para que respondan los funcionarios, y hasta una hora más para que los legisladores cierren sus participaciones.

La verdad es que, hasta ahora, han sido poquísimas las intervenciones de funcionarios o de diputados que, con motivo de las glosas de gobierno, hayan valido la pena ya sea por su contenido de realidad, o por sus argumentaciones razonadas, o por simplemente ser unas buenas piezas de oratoria. La gran mayoría, han sido –insisto, desde hace años– indignos ejemplos de lambisconería de los funcionarios en turno, seguidos de pésimas justificaciones de los diputados oficialistas y blandengues cuestionamientos de los opositores. Se cumple con el ritual de cada año, y cada quien para su casa, tan felices y tan contentos como siempre.

¿Explicará este lunes el secretario de seguridad pública, Ismael Camberos, cómo es que habiendo sido presentado como “la solución” al “problema” que fue su antecesor, fue que se le dispararon las cifras de la violencia en unos cuantos meses? ¿Hará un análisis de las estrategias fallidas y las recién presentadas, y cómo es que ni unas ni otras han dado los resultados prometidos?

¿Cómo explicarán tanto el secretario Camberos como el procurador Francisco Murillo el que las bandas criminales que operan en la entidad sigan señalando a miembros de sus corporaciones como “infiltrados” de las bandas antagónicas? ¿Cómo explicarle a la sociedad por qué en esta guerra desatada, entre ellos, los policías son señalados como cómplices y no como protectores de la ciudadanía?

¿Hará la secretaria general de gobierno, Fabiola Torres Rodríguez, un recuento de todas las broncas –chiquitas y grandotas– que le han brincado con ejidatarios, mineros, campesinos, estudiantes normalistas, profesores, ex-policías, etcétera, etcétera…, y qué resultados consiguió de cada una de ellas? Porque las broncas, aun cuando parecen solucionadas, le renacen de cuando en cuando, muchas veces gracias a los medianos oficios de sus subalternos.

Hoy mucha gente está a la espera del recuento de asesinatos, levantones, secuestros, extorsiones, robos, detenciones, enjuiciados, condenados, patrimonios recuperados… y quién sabe si nos dirán cuánta gente se ha ido del estado por miedo, cuántos han emigrado luego de perder lo que tenían al pagar un secuestro, o de cuántos se dio cuenta la autoridad hasta después de ocurrido, por la simple razón de que nadie denunció por desconfianza en la autoridad.

Hoy inicia la glosa con el tema de la seguridad. Seguramente habrá teatro y representación, no faltará quien se rasgue las vestiduras, o quien se haga olímpicamente pato con sus preguntas o sus respuestas. Pero pongámosle atención, quizás alguien diga verdades, y hay que escucharlas con atención. En una de esas, nos encontramos con un funcionario o diputado honesto.

 


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