ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Vamos poniéndonos serios. La ideota de construir una imagen monumental de la Virgen de Guadalupe en la cima del cerro San Simón ni es novedosa, ni factible, ni redituable en las actuales condiciones del lugar y, encima de eso, pretender que de la noche a la mañana se convierta en centro de atracción turística, lugar de visita religioso-funeraria y negocio para inversionistas, suena más a disparate que a razón.

Desde que a Felipe Álvarez Calderón se le ocurrió –y llevó a cabo– la construcción de una plancha de concreto con más de una docena de locales comerciales “para artesanos”, allá por el 2004, y tras el reiterado fracaso que ha tenido el lugar desde hace 13 años, el rimbombante anuncio que hace ahora el presidente municipal Enrique Flores Mendoza está apenas agarrado con alfileres… y a punto de caerse.

Sí, está bien que diga que el municipio sólo aportaría cerca del 10 por ciento del costo total del proyecto (unos 10 millones de pesos) y que el resto lo pondrían particulares, inversiones que están permitidas en la ley, pero… ¿cómo está eso de que apenas es un anteproyecto y que todavía falta un montonal de factores confluyentes para que se decida si se hace o no se hace? ¿Entonces para qué carajos anuncia algo que todavía no tiene concretado? ¿Con qué intención?

Ya pasaron por ahí las intenciones –unas más definidas, otras de plano en tono de omisión o de abulia– de los presidentes Felipe Álvarez, Clemente Velázquez, Samuel Herrera, Mario Román, Rafael Flores (hermano del actual titular) y Roberto Luévano, y nomás ninguno pudo o quiso, en su momento, consolidar un proyecto de verdadero valor para el cerro y sus alrededores, con certeza jurídica y plusvalía para quienes viven en sus faldas y para quienes ahí se animaran a invertir en poner un changarro.

Dice Enrique Flores Mendoza que ya hay una empresa interesada, pero no da pistas de quién se trata. Señala que esa empresa buscaría recuperar la inversión mediante la venta de espacios (nichos) funerarios en un columbario (un mausoleo), que porque el municipio tiene que proveer de espacios para depositar a los muertos, pero no muestra siquiera si ya se hizo algún estudio de mercado, o un análisis de factibilidad del dicho proyecto.

Dice Flores Mendoza que los accesos al lugar se ampliarían y modernizarían, pero no complementa con información sobre la certeza jurídica de los terrenos ahí habitados por cientos de familias “paracaidistas” que, en jacales de lámina, cartón y plásticos, se hacinan sin servicios públicos, conformando un cinturón de pobreza digno de la mejor favela de Río de Janeiro. ¿Se imaginará que la gente acudirá aquí como acuden a ver al Cristo del Corcovado en la ciudad brasileña?

Dice Flores Mendoza muchas cosas sobre el “anteproyecto” de la imagen monumental, pero son más las que no dice, o no especifica, o no explica, y entonces me queda la gran duda sobre qué intenciones tiene al anunciar que “los pelos de la burra son pardos”, sin tenerlos en la mano.

No sabemos, con claridad, qué está analizando el Instituto Politécnico Nacional (si los proyectos arquitectónicos, económico-sociales, mercadotécnicos, de factibilidad o viabilidad financiera, o vaya usted a saber qué), ni hay fechas propuestas de inicio o fin de la obra, ni sabemos dónde está la consulta popular o encuesta donde dice que el pueblo de Guadalupe esté de acuerdo con la ideota. Está construyendo una pagoda… en el aire.

Lamentablemente, ante la precaria situación en la que vive la gente alrededor del cerro San Simón, no hacen falta más de dos dedos de frente para entender que, primero, habría que hacer otras cosas más urgentes que construir una imagen religiosa, por más apoyo que tenga del obispo de Zacatecas. Mire que 10 millones de pesos son oro molido para obras sociales…

Por supuesto, queda la otra explicación: que el anuncio sea sólo para jalar reflectores y presumir populacheramente la aceptación del pueblo, pensando en su bienestar político antes que en otra cosa. Y eso pues… no es de Dios, dirán los creyentes.


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