ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Es común escuchar, sobre todo en los vertederos de café de la capital, en las pláticas de amigos, y hasta en las conversaciones de la fila de las tortillas, comentarios tocantes al “corrupto gobierno” que tenemos la desgracia de padecer, aderezados con señalamientos a tal o cual funcionario público y, en el exceso de la asignación de culpas, acusaciones directas contra el gobernador por su desempeño y por sus omisiones.

Si tan sólo fuéramos mejores en cuanto nos proponen participar… otro gallo nos cantaría. Ayer en la sesión legislativa del día, nos enteramos que la convocatoria que lanzó el Congreso del estado para invitar a que la gente se involucrara en el Comité de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción resultó un fiasco, porque no hubo el suficiente número de zacatecanos que le entraran al toro por los cuernos…

Así que, ante la poca participación de la ciudadanía “consciente y participativa” (ajá), ayer lanzaron otra convocatoria, ahora para que las universidades propongan candidatos a ocupar uno de tres puestos disponibles ¡para que se integre una Comisión de Selección! La cual, a su vez, seleccionará –disculpe la obviedad– a quienes serán parte del comité que sigue en ciernes. ¿Qué de veras los zacatecanos seremos así de zaca…tones? Es el colmo.

Sí, me parece el colmo de la apatía que, habiendo oportunidad de ser parte de un organismo que –se supone– será el vigilante y garante de que precisamente los funcionarios públicos no puedan andar haciendo sus corruptelas, y de que las cosas se hagan bien, pública y transparentemente, nomás no haya quien diga “esta boca es mía”, luego de criticar y señalar y acusar corrupción en el gobierno.

¿O de plano no habrá quien cuente con la suficiente experiencia, conocimiento, voluntad, altura de miras, habilidad técnica y pantalones como para intentar cambiar, desde dentro, un sistema corrompido por prácticas ilegales? ¿Es miedo o precaución? O se trata de evitar ser parte de una célula más que, invariablemente –piensan algunos– también será señalada como “corrupta” porque ya se anticipan nulos resultados…

El hecho es que ahora hay que proponer y seleccionar a quienes, luego, seleccionarán a los ciudadanos que podrán vigilarle las manos al gobierno y exigir, en los términos de ley, que se acabe con las prácticas de corrupción que hemos padecido desde tiempos inmemorables.

Pues vaya lío en que nos hemos metido. Y no me refiero a los trabajos que ahora tienen que hacer los diputados y las universidades, sino al lío en que, como sociedad, estamos hasta el cuello por la desconfianza y el desinterés que muestra nuestro núcleo. Eso sí me parece verdaderamente peligroso, pues es una muestra más de que ni nos interesa lo que hace el gobierno ni cómo lo hace, pero sí estamos prestos para lanzar señalamientos, ya sea en tono de chisme o rumor, sin hacernos responsables de primera mano en evitar la corrupción.

Hacen falta liderazgos, no me queda duda, que jalen las voluntades ciudadanas hacia la mayor y mejor participación en la administración pública. Liderazgos que llamen la atención de la gente a voltear la cabeza y poner atención en lo que hacen y lo que dejan de hacer nuestros servidores públicos. Liderazgos que pongan primero el interés ciudadano y social, ante gobiernos que parecen pensar primero en ellos, luego en ellos y al final solamente en ellos.

Estoy seguro que en las universidades, en la iniciativa privada, en el quehacer diario de quienes desarrollan una actividad profesional, hay mentes suficientemente críticas y con conciencia de sociedad civil, que pueden perfectamente ser parte de un comité anticorrupción. Pero creo que falta despertar esas mentes al interés por los demás, por el núcleo social en que se desempeñan.

Otra vez nos gana la apatía, esa que nos ha ganado en las elecciones, en las manifestaciones por la paz y la seguridad, en las discusiones legislativas y, por qué no, en las decisiones de gobierno. ¿Alguien tiene una receta contra la apatía?


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