DANTE GODOY/NTRZACATECAS.COM
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La pobreza circunda el cerro San Simón. Alrededor de donde se pretende colocar la virgen más grande del mundo sólo hay miseria: hambre, vicios, chozas de lámina y cartón, caminos de tierra, riachuelos de aguas sucias y perros guardianes, a falta de policías.

Los habitantes de las colonias Tierra y Libertad, Luis Donaldo Colosio y Ampliación Minas se dicen abandonados. La promesa de la mega efigie, retomada por el alcalde de Guadalupe, Enrique Flores Mendoza, no les brinda esperanza ante las carencias de su día a día.

“Lo que necesitamos es seguridad”, reclaman. Las familias se reparten de forma irregular por toda esta zona; los más favorecidos tienen cuartos a medio construir, muchos sin vidrios en las ventanas, con láminas oxidadas a la entrada, varillas a la vista y una plasta de cemento como piso.

Otros, los más, son cobijados únicamente por lonas que antes sirvieron para campañas políticas; en la propaganda que sobrevive a las inclemencias del tiempo sonríe el hoy diputado local Osvaldo Ávila Tiscareño, acompañado del logo del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Ahora las mantas de plástico se usan para protegerse de los rayos del sol, pero imposible que detengan las fuertes lluvias o el granizo que “pega recio”, y entre los pies de los que aquí viven sólo corre tierra o lodo.

Para resguardar todo lo que tienen, los habitantes de estas colonias improvisan con puertas de triplay, bardas de madera podrida y bloques húmedos, amontonados en pilas, que son acumulados por si algún día son suficientes y puedan armar otra habitación.

Murallas de palos, tambos y chatarra. Cables de púas rojizos por el óxido rodean el único patrimonio que poseen estas personas y detrás, en alguna de estas casas, aún se distingue la propaganda de quien entonces aspiraba la alcaldía. El afiche recuerda al cartel de la “esperanza” de Barack Obama, pero en éste sólo se lee una promesa: Con Enrique Guadalupe gana.

 

Desprotegidos

María niega sus apellidos no por miedo, sino porque sabe que hablar “de más” en este lugar puede resultar peligroso.

Desde hace 20 años, la mujer vive en la colonia Luis Donaldo Colosio, donde reconoce que la desigualdad es marcada frente a otras zonas de uno de los municipios con mayor crecimiento del estado.

A sus oídos llegó el plan de la virgen monumental, pero este anuncio no se le hizo novedad ni le dio emoción. Contrario a lo que aseguró el obispo Sigifredo Noriega Barceló, María consideró que esta obra no ayudará a mitigar las carencias que padecen ella y sus vecinos.

“Lo que nos hace falta es seguridad. Hace poco pusieron un policía municipal, pero solamente está cuidando el cerro donde quieren poner la virgen. Vienen rondines de patrullas, pero son pocos y no suben hasta acá”, dijo con preocupación.

“Si van a construir la virgen con tanto dinero, por lo menos que nos traigan una ruta de camión. Aquí hay gente de la tercera edad que no puede subir”… Luego pidió raid para llegar a su casa, una de las últimas en el cerro.

Cerca del santuario dedicado a la llamada Morenita del Tepeyac, sobre la calle Nuevo León, se localiza también una Iglesia bautista y en la vía Lázaro Cárdenas está fincada una congregación de La Fe en Cristo Jesús. Además, sólo en esta zona hay tres expendios de cerveza de Grupo Modelo y un bar.

Los perros recorren la colonia como guardianes; se acercan a los desconocidos y luego se echan fatigados. Los caminos lucen desiertos a mediodía.

Los letreros de “se vende” se repiten en los pies de casa, sobre todo en la calle PRD. Las bardas de las estructuras en obra negra están adornadas con grafitis y, desde algunas ventanas, se asoman rostros para alcanzar a ver quién pasa y hacia dónde va.

La mayoría de los habitantes, varones, son albañiles o trabajan de operadores en grandes empresas, como Yusa Autoparts, Ahresty, Delphi Cableados, o en maquiladoras locales, donde “el sueldo no alcanza”.

 

Olvidados

“Para qué un monumento tan grande, si de todos modos ni lo hacen y si lo hacen se les va a caer”, advirtió Graciela, entre en serio y en broma.

La mujer, de expresión dura, reprochó que la seguridad no llegue para ella y sus vecinos, a pesar de que tienen “a tiro de piedra” a la policía, en referencia a las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) que se encuentran a unos cuantos metros de la zona.

Calificó de excesivo que el gobierno municipal quiera gastar 90 millones de pesos en un monumento, “sin importar que sea con dinero público o privado”, pues recordó que lo que hace falta es mejorar la calidad de vida de los habitantes.

En las calles San Antonio, Nuevo Amanecer, Unión e Insurgentes, que “alimentan” al cerro San Simón para subir hasta el santuario de la Virgen de Guadalupe, se repite el panorama. Sobre una de esas vías, pertrechada en un carro de origen foráneo y sin placas legales, estaba Eduviges.

Quería hablar, aclaró, porque las autoridades no les hacen caso. Acusó que la pavimentación de las calles sólo quedó como promesa de campaña, pero pasan elecciones y siguen igual o peor. Uno de los problemas más duros es lidiar las corrientes de lluvia, “que se mete por todas partes”.

“Ese dinero se pudiera utilizar para mejorar. Hacen falta espacios de esparcimiento para nuestros hijos, porque no queremos que se desvalaguen tanto y caigan en la delincuencia”, opinó la mujer.

 

Cerca del ‘mal’

En la calle Padre Kino otra señora apuraba su paso. Dijo llamarse Lulú. Traía una sombrilla en una mano y el mandado en la otra. Con prisa comentó que, al igual que a María, lo que más le inquietaba era la falta de seguridad en su colonia, por lo que no deja a sus hijos que salgan ni de día, mucho menos de noche.

“Aquí no viene la ley y si pasa es de rapidito”, reprochó, mientras apuraba el paso para llegar a hacer la comida. Su prisa se debía a las largas distancias que muchas veces tiene que recorrer, a falta de transporte público.

“Urge una ruta que nos lleve a Zacatecas. Tenemos que bajar hasta la vialidad San Simón y la verdad está muy lejos. Me da pendiente por mis hijos que toman hasta allá su camión para ir a la secundaria”, lamentó.

La ilusión de Lulú es que sus muchachos mejoren sus condiciones de vida con educación, a pesar de la falta de opciones a su alcance.

“No quiero que tomen el camino del mal. Ojalá el gobierno venga y nos construya escuelas aquí cerca, para poder cuidarlos, porque mis hijos son todo para mí y quiero que sean gente de bien”, expresó la mujer.


Nuestros lectores comentan

  1. A otro gato con ese cuento

    la voz del pueblo es lo que habla por si solo, vallan señores representantes de ese distrito acuadan con ellos, ven las necesidades que manifiestan, lo que ne verdad se necesita no esa mega virgen que pretenden hacer, si bien se jartan en decir que sera la iniciativa privada en realizarla, mejor que sea invertido en pavimentar las calles, infraestructura de escuelas, espacios recreativos, que es lo que se necesita, volteen a ver a las necesidades verdaderas,pónganse a trabajar, por que para prometer en cambapñas estan buenos