ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Luego del amargo sabor de boca que dejó la comparecencia de los encargados de la seguridad pública de los zacatecanos, en el marco de la glosa del primer informe de Alejandro Tello, ayer los titulares de las áreas de salud, educación y desarrollo social no se quedaron atrás y, en sus propias áreas, nos develaron una realidad que contrasta –lo quieran ellos o no– con el mensaje halagüeño y de “resultados” que se emitió en el citado informe.

Quedó claro que en el rubro de la salud, por ejemplo, falta suficiencia de personal médico para todas las instalaciones que hay en la entidad y, por ende, el servicio de salud le queda debiendo a muchos zacatecanos que, todavía en pleno siglo 21, tienen que seguir viajando largos trayectos para poder atenderse de casi cualquier dolencia, y en los casos más extremos, quedan los que no tienen ni siquiera esa posibilidad y su calidad de vida queda a merced de la voluntad de Dios.

Y si no hay personal médico suficiente, pues tampoco hay medicamentos suficientes, o infraestructura adecuada, y todo parece apuntar a que para poder conseguir una cobertura digna en este aspecto hace falta, como ya lo sabíamos, mayor presupuesto que consiga contratar capital humano, comprar las medicinas y los aparatos que faltan. Mientras eso sucede, muchos zacatecanos adquieren calidad “de segunda”, pues están marginados de un derecho fundamental, el de la salud.

En el caso de la educación, a pesar –y más bien debido a ello– de que haya un número que se supone suficiente de docentes para atender a toda la población estatal, de todos modos la secretaría del rubro sigue cargando a cuestas un déficit presupuestal que pone en jaque, quincena tras quincena y mes tras mes, la posibilidad de que se les pague a todos, de que tengan suficiencia financiera los subsistemas educativos, y de que año tras año se venga el mismo problema en diciembre: el pago de muchas prestaciones. Según la secretaria Gema Mercado, harían falta varios miles de millones de pesos que… quién sabe de dónde saldrán.

Y en el asunto de la asistencia social, pues ni para qué decir que por más que su titular, Otilio Rivera, se esfuerce en hacer “cuentas alegres” y presumir que ya disminuyó en 3 por ciento el número de “pobres marginados”, de todos modos casi el 60 por ciento de la población de la entidad sigue padeciendo de algún grado de pobreza, ya sea patrimonial, alimentaria o de otro tipo.

Los pobres son pobres hasta que dejan de serlo, y miles de nuestros coterráneos siguen padeciendo por la falta de trabajo, de oportunidades de desarrollo, de educación superior, de una vivienda digna, de acceso a los servicios sanitarios. No basta con presumir que ya se han entregado tantos o cuantos miles de “apoyos” que, en el mejor de los casos, sirven apenas para paliar un poco la situación precaria en que sobreviven miles de familias.

Nuestros gobiernos no han sido capaces de sacar a estos zacatecanos del rezago histórico en el que vivimos desde hace mucho, y ni la menospreciada labor en el campo ni los pocos y mal pagados empleos que se generan son suficientes para abatir las carencias.

¿Cómo no entender, pues, que muchos de nuestros ciudadanos optan por la migración o por el subempleo o de plano por la delincuencia (en cualquiera de sus formas y tipificaciones) para sacar adelante a los suyos? Y conste que dije “entender”, que no es lo mismo que “justificar”, eso sería el colmo de los colmos, ante la incapacidad para resolver creativamente los problemas, con todo y la carencia de recursos.

Ahora bien, los panoramas develados en estas dos sesiones de glosa debería ser, más que revelador, exigencia y señal de alarma para quienes distribuyen el presupuesto: los diputados locales, que ya deberían bajarse de la nube política y poner en primer término las necesidades de quienes dicen representar. Esperaremos la discusión del presupuesto…

 


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