FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

Hace ya algún tiempo fui a una cantina, y me acomodé en el banco de la barra, regularmente este lugar es para los solitarios, los que a veces ruegan o rogamos por que llegue alguien que nos endulce la mente para contarle una historia o escuchar la suya.

Afuera pasaba una camioneta de perifoneo que anunciaba el show de La Chilindrina, obviamente la música de fondo era “The elephant never forgets”, de Jean Jacques Perrey, que es una versión sesentera de la Marcha Turca, de Beethoven. Ya, pues.

Un “solitario” estaba en la barra, agitaba la cabeza como cuando desapruebas algo, pero a la vez sonríes recordando.

Volteó y dijo: “¡Salud! Brindo por todos nosotros y por el cabrón de Chespirito”.

Uno de los “mezcaleados” volteó admirado por tal gesto, y ahí empezó una plática que duró varios mezcales, sí, porque la peda no se mide en tiempo, y menos en la cantina.

El alegre “brindador” empezó a comentar que en un OXXO compró una revista de chismes, misma que relataba algunos enredos amorosos que se dieron entre los actores de la vecindad del Chavo.

Dijo que nunca le gustó mucho la serie, aunque siempre sintió un gusto por el personaje de La Chilindrina, ya que representaba una mezcla de ingenuidad y perspicacia bastante interesante; sus argumentos parecían válidos.

La plática cada vez se ponía más acalorada, al grado que desencadenó una serie de confesiones por parte del fan de la hija de Don Ramón y el otro interlocutor.

“Híjole, fue una de las mejores veces, le compré el disfraz y como es chaparrita, ¡uf!, ya te imaginarás…”

Así es, confesó que eran noches apasionantes, al lado de su “Chilindrina” de 53 años, y que los lentes de pasta le lucen espectaculares, dijo.

Justo cuando estaba decidido a dar mi punto de vista, o tal vez contar una anécdota afín, entró una muchacha y le dijo: “Padre, tenemos que irnos, el avión sale en cuatro horas de Aguascalientes”.

Chocó su vaso, brindó y dijo: “Perdón, se me olvidaba, soy cura, o fui, ya ni sé…”


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