Emilio
Emilio

El Tour de Cine Francés me gustó. Vi las películas de mi interés. Al acudir a la Cineteca, como única opción de exhibición (todavía hay monopolios), el ir me obligó a ser puntual y civilizado para obtener una buena plaza. Valieron las penas, tuvimos una ventana cultural que nos entrega otros paisajes y formas de representación.

El cine ganó en mi agenda sobre algunos eventos del Festival Barroco del Museo de Guadalupe. Estuve en la magistral conferencia de Rosa María Sánchez Lara (Un centenario en el arte) y con la indispensable María del Consuelo Maquívar (reseñó el orden religioso, la arquitectura y la indeleble presencia de jesuitas y franciscanos en Zacatecas).

No falté al concierto de Horacio Franco (flautas) y Víctor Flores (contrabajo). Le denominaré neobarroco, a riesgo de ser corregido, pero el repertorio incluyente y prismático permite esa asignación. Ejecutaron piezas de Bach, Beatles, danzones y “otros”.

Por cierto, Franco estuvo en el Museo de Guadalupe un día antes de su cumpleaños y se le notó como siempre: contento con sus labores.

El sábado inició el Festival de Teatro de Calle. Alguna vez escribí que era muy parecido al Festival de Narración Oral, todo, porque, afanosamente, los organizadores programan escenarios callejeros para dar visos de audiencia asidua.

Pese al disfrute, estoy agotado. Apenas reflexiono de lo que vi, escuché y sentí. El cansancio es un efecto de consumir una planeación cultural que compite, con el agravante de que todo proviene de un solo patrón: el gobierno.

Algo más

Me uno a la indignación social y universitaria por la desaparición y muerte de una jovencita preparatoriana, de una niña, de un ser humano. Estoy molesto por los escenarios de violencia en Zacatecas.

 


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