FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

Tengo 32 y no me quiero morir, aunque dicen que hierba mala nunca muere, ya vimos que a los delincuentes les vale madre si eres hierba, maleza, flor, capullo o lo que sea.

Ella, Cinthia, lamentablemente, forma parte de una cifra de jóvenes desaparecidas, violadas y abandonadas en lugares sucios, de una forma que no es digna ni siquiera del raptor, violador y asesino.

A los 16 años, una niña debe ser feliz, estudiar, convivir, probarse labiales, chatear con niños, ir al cine, comprar ropa, sentirse grande y ser respetada y amada, como a toda edad cualquier persona; no ser ultrajada, ofendida, agredida, transgredida y asesinada, mucho menos olvidada.

Las cosas cambian, siempre, a pasos agigantados. Recuerdo cuando a esa edad íbamos a dar la vuelta al Centro, al Portal de Rosales, o a “portales”, así decíamos los más vagos. Nos juntábamos afuera de la Dulcería Niza o afuera de “las maqui de Catedral”, para entonces eran las tardeadas de los festejos por los 15 años de las compañeras y amigas; los papás estaban al pendiente del insurrecto muchachillo que osaba con llevar una cerveza o algo de alcohol o meter los cigarros a las fiestas.

No estaban a nuestro alcance las canciones que hablaran de violencia ni de sexo, tan abiertamente como ahora.

Íbamos a la feria con nuestros amigos, a veces con el uniforme escolar o con ropa deportiva, nuestros papás nos llevaban, si por alguna razón te quedabas sin dinero para el regreso, caminábamos todos en bola.

Éramos niños de 16 años, con la atención de los padres día y noche, con una ciudad segura, lejos de todo lo que pasa ahora, que cualquier hijo de vecino puede venir y atentar contra la vida o integridad del otro, por mero gusto.

Hace tiempo me contó una amiga que tuvo un problema con su hija; al parecer, la jovencita le reprochaba que no era respetada su privacidad. La mamá trató de darle un poco más de espacio y libertad, a tal grado de no enterarse sobre el uso de las redes sociales por parte de la niña, y a las semanas casi fue violada por un compañero de escuela de su primo.

Quiero mi Zacatecas de regreso, en el que no se confundan las balas con los “cuetes” de un pueblo festivo.

Quiero mi Zacatecas de regreso, donde los muertos amanezcan en su lecho tibio y no en un arroyo de aguas negras.

Quiero mi Zacatecas de regreso, en el que no temas por voltear a ver a la cara de un desconocido.

Quiero mi Zacatecas de regreso, en el que te comías un hot dog en la calle en la madrugada sin temer por tu vida.

Quiero mi Zacatecas en el que no tengas que brindar quedito para que no le moleste al de la mesa al lado.

Quiero mi Zacatecas de regreso, sin narcocultura, sin descabezados ni ciberamenazas.

Quiero mi Zacatecas sin morgues llenas ni fresnillenses hastiados.

Quiero mi Zacatecas con valores y educación.

Quiero mi Zacatecas sin acostumbrarse a la violencia.

Quiero mi Zacatecas bien, para mi sobrina y para el hijo que algún día tendré.

 

 


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