Tomás Mojarro
Tomás Mojarro

Los medios de comunicación no jugarán otro papel que el que quieran asignarles sus dueños (los concesionarios)

“La TV es la distracción de la chusma. Tenemos que quitárnosla de encima. Consigamos que preste atención a otra cosa, no a los asuntos públicos”. (N. Chomsky.)

Hay que procurar que se distraiga con el deporte, la sexualidad, la violencia. Con lo que sea; cualquier cosa, siempre que no sea algo que los ayude a pensar, a participar en el control de sus vidas. Eso, en una democracia, no está permitido. (K. Popper.)

No en los asuntos que son de su vital interés, como salud y educación pública, seguridad y creación de empleos, el salario mínimo y el robo impune del dinero público. Y en estas semanas, mis valedores, ¿cuántas horas nos han mantenido inmovilizados frente a la de plasma con cámaras y micrófonos recogiendo las ironías de Peña con aquello de que si un poste de luz ha fallado los mexicanos de inmediato remitimos el incidente a la corrupción gubernamental? ¿Cuántas horas nos inducen a dedicar, con todo y familia, a la subcultura del cinescopio, bodrio indigesto, bazofia con la que alimentan el espíritu de las masas? ¿Con esa dieta cuánto habremos afinado la sensibilidad, robustecido la imaginación y ampliado la vida interior como seres humanos en el incesante proceso de perfección rumbo a la entelequia, que mentaba el filósofo? ¿Laura Bozzo ya es mexicana? ¿Kate del Castillo, por fin, hizo la intimidad con el Chapo Guzmán o logró guardar su distancia frente al narcotraficante? Alguno podría protestar:

-¿Y si no es con los noticiarios cómo vamos a estar bien informados?

– No minimicemos la inteligencia del televidente (el lector de noticias). El no es ningún pendejo.

¿No? “Seleccionando las noticias que apoyan la propia política y omitiendo otras, o dando más importancia a los sucesos y aspectos de los asuntos que siguen su tendencia, la televisión produce en la mente de los individuos una impresión totalmente alejada de la verdad, lo cual se puede hacer dentro de la exactitud más minuciosa para reproducir los hechos”.

Porque “en tanto instrumentos, los medios de comunicación no jugarán otro papel que el que quieran asignarles sus dueños (los concesionarios). Así, podrán ser instrumentos de cultura o instrumentos de incultura; medios de dominio o medios de liberación; elementos para unir a un pueblo o para desorganizarlo; para enaltecerlo o para hundirlo. Es la propiedad sobre el medio de comunicación la que determina al servicio de quienes éste se coloca, a favor de qué causa, de qué valores, de qué clase social”. (D. Sington.)

Que esta generación del adulto ya perdió la batalla contra la televisión, afirma Sartori, pero que el verdadero peligro está en dejar a desprotegidos a niños y adolescentes.

Sobre esa nefasta relación afirma Karl Popper:

“Niños y adultos se adaptan si están siempre expuestos a situaciones extremas, pero su adaptación a la violencia es el gran problema. A esa violencia, ¿qué oponemos? ¿A los padres? ¿Cuántos padres actúan? ¿A los maestros? La TV es mucho más interesante, más electrizante y capaz de seducir a los pequeños inocentes. Se ha convertido en un poder descontrolado, incluyendo hasta desde el punto de vista político (¿Cómo llegó Peña a Los Pinos, si no con palancas como la TV y Monex?), y esto contradice el principio de que en una democracia todo poder debe estar controlado. La televisión está acelerando la corrupción de la humanidad”.

Necesitamos una licencia para conducir, ¿no es cierto? Y si usted conduce peligrosamente se la quitan, ¿verdad? Hagamos lo mismo con la televisión.

(Esto sigue después.)


Nuestros lectores comentan

  1. Waw, excelente participación, solo la consciencia como tal puede ser productora de una verdadera democracia , lo demás es simple demagogia.