Tomás Mojarro
Tomás Mojarro

Pregunté en su momento y lo pregunto ahora: ¿Atenco ya se olvidó? Porque la factura sigue aún sin cobrarse

 

Tortura sexual. Tres mujeres que fueron torturadas por policías de Edomex durante un desalojo en Atenco Impulsan a víctimas a denunciar el delito.

Un Estado que no procura la justicia no es más que una banda de malhechores (León Tolstoi, citado por R. Rodríguez C.)

Pregunté en su momento y lo pregunto ahora: ¿Atenco ya se olvidó? Porque la factura sigue aún sin cobrarse. Lo escribí entonces:

Estoy mirando las fotos, y el espeluzno: cabezas resquebrajadas, rostros amoratados, bocas que chorrean sangre, manos y bocas a la defensiva. Golpes, maltratos, manoseos nauseabundos a la intimidad de algunas mujeres, extranjeras varias de ellas, todo esto a manos, a dedos, a hormonas encabritadas de los policías de un Peña que con todo y justificar la conducta aberrante de sus uniformados pepenó la banda presidencial. Miro este cuerpo tronchado y ese que, macerado a leñazos de tolete y culatazos, cae de rodillas, codos y frente contra el asfalto. A ese otro cuatro de uniforme derriban a garrotazos, y a aquél  llevan a rastras. Hago a un lado las fotos y me pongo a pensar: cuánto hacía que  hasta antes del carnicero y Peña las primeras planas no se habían empapado de sangre hasta grado tal. Atenco.

Todo se inició un día de tianguis en Texcoco: el 3 de mayo del 2006. La venta de flores por parte de algunos comerciantes de San Salvador Atenco derivó en una guerra florida de fulgurantes rencores, violencia aberrante y sangre desparramada. Resecos yerbajos en aquella pradera, una chispa bastó, y unas flores, para convertir Atenco en hornaza que estalló entre unos machetes enardecidos y unos sicópatas disfrazados con uniforme enviados por Peña, gobernador del Edomex que así  respondió a los requerimientos de estudiantes universitarios:

– ¡Para eso tiene el Estado el monopolio de la fuerza legal, para ejercerla cuando las circunstancias lo ameritan!

Una violencia legal como la que fue a perpetrar en Atenco esa horda de sádicos disfrazados de genízaros de un candidato que en la carrera presidencial se impuso a López Obrador. Es nuestra desmemoria y  debilidad ante los medios de acondicionamiento social; es la despensa familiar, es Mónex, es Odebrecht, es México.

Y los resultados de una violencia que el hoy presidente del país provocó en Atenco: los enjuiciados no fueron los atrabiliarios, no fue el autor intelectual, fue un Ignacio del Valle, dirigente del Frente del Pueblos en defensa de la Tierra, condenado con varios de sus compañeros, hoy libres, a más de un siglo de prisión; fue una América del Valle, tiempo después refugiada en la sede de alguna embajada. Tal es la justicia en México; tal es la protección  de los derechos elementales de los habitantes de aquel caserío; tal es la desmemoria de las masas sociales, que a la manipulación aplastante de Televisa permitieron que el PRI volviese a encuevarse en Los Pinos. México.

Pero ante la pasividad y la indiferencia de aquéllos a quienes Atenco dejó y deja indiferentes América sentenció a los agresores:

-¡Que ésos se cuiden las espaldas, porque mañana, porque  hoy mismo, el muerto será uno de su lado. El pueblo de Atenco tiene licencia para machetear a cualquier militar, policía o granadero!

Atenco. Peña pudo mudarse  a Los Pinos. ¿Y nosotros, en tanto? ¿En el estilo de gobierno priísta no imaginamos Tlatlaya, Nochixtlán, Ayotzinapa, Nochixtlán y todos los Duartes del presente gobierno? Mis valedores: este es Atenco, es Peña, es el pobre de espíritu que votó  por él, somos nosotros. (Todos.)


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