SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

 “La historia se repite siempre: primero como tragedia y luego como farsa.”

Karl Marx

 

Todos los procesos electorales en México empiezan con una reforma que abre la puerta a la esperanza sólo para transformarse después en un drama que concluye en farsa. La única diferencia en el proceso de 2018 es que el ciclo se ha adelantado.

La Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales no es una institución nueva: surgió de las reformas negociadas con la oposición por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, que nos dieron también un Instituto Federal Electoral independiente. La Fepade entró en funciones el 25 de enero de 1994.

La elección de Santiago Nieto como fiscal electoral el 19 de febrero de 2015 abrió un abanico de esperanza en un momento en que prevalecía todavía el espíritu de colaboración del Pacto por México. Los senadores lo nombraron en un voto casi unánime (95 a favor, uno en contra y una abstención), aunque sabían que era cercano a los partidos de izquierda, porque tenía reputación de integridad y profundo conocimiento de la materia electoral. Los senadores del PRI estaban dispuestos a aceptar a un fiscal cercano a la izquierda a cambio del apoyo a las reformas estructurales. Y así como los priistas aceptaron a Nieto, los panistas y perredistas ratificaron al priista Raúl Cervantes como procurador general en 2016, a sabiendas de que se convertiría en fiscal general.

El drama surgió a partir del rompimiento de las relaciones entre priistas y panistas y perredistas. La oposición acosó a Cervantes hasta provocar su renuncia el 16 de octubre de este 2017. Unos días después, el viernes 20 de octubre, el procurador en funciones, Alberto Elías Beltrán, anunció la destitución de Nieto, quien había agraviado al PRI con la investigación sobre el caso Odebrecht. Un fiscal carnal por otro fiscal carnal, un drama de venganza que podría haber sido tomado de las páginas de Shakespeare.

Una de las formas en que las reformas electorales trataron de proteger al fiscal electoral de presiones indebidas, como ésta, fue delegar su nombramiento al Senado y permitir a éste rechazar su destitución. Nieto presentó ante el Senado la solicitud de inicio del procedimiento de objeción por falta del derecho de audiencia y porque el despido lo hizo un encargado de despacho (después se supo que Beltrán no cumple siquiera con los requisitos para ser procurador). Legalmente el caso era claro, pero políticamente se complicaba porque el voto de los senadores sería por línea partidaria en un Senado con una mínima mayoría priista.

Y entonces, súbitamente, vino la farsa. El ex fiscal anunció el viernes 27 de octubre: “Es claro que no existen condiciones para que, aun obteniendo la votación de la mayoría de los senadores presentes, desarrolle las funciones para las que fui designado, en razón de la polarización política que ha rodeado este pronunciamiento.”

¿Cómo se explica este súbito cambio de opinión? Es posible que se haya amenazado a Nieto con meterlo a la cárcel a raíz de las varias denuncias que se le han hecho. El resultado, sin embargo, es un creciente descrédito de todo el proceso electoral. Ahora no será necesario esperar a la votación del 1ro de julio de 2018, el proceso está manchado desde hoy.

Lo peor es que quizá la elección termine por llevarse a cabo sin fiscal electoral. Se necesita un voto de dos terceras partes en el Senado para nombrar a un nuevo fiscal; pero en el tenso ambiente que hoy vemos en la clase política, parece imposible que algún abogado, o incluso un santo, pueda obtener esos votos en el pleno.

 

Independencia

El parlamento catalán cumplió la amenaza y declaró la independencia unilateral. El gobierno español ha respondido decretando la intervención del artículo 155 constitucional. Al final, nadie saldrá beneficiado.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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