SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“¡Qué costumbre tan salvaje ésta de enterrar a los muertos!”

Jaime Sabines

 

Son nuestros muertos. Fueron parte de nuestra vida y lo son también de nuestra muerte. El número se acumula con frenética obsesión, como si la vida en México no tuviera más propósito que sembrar el camino de muertos.

No son los muertos de las enfermedades evitables, ni los que se acumulan en calles y carreteras por errores y descuidos, quizá por el esfuerzo de tomar una llamada perdida en un celular. Son los muertos del dolo, los de la violencia que cada vez más agobia a nuestro país.

Tan sólo en 2016 se perdieron 23,953 vidas en México por homicidios. Sesenta y cinco mexicanos, o residentes en nuestro país, fueron asesinados cada día el año pasado. Las cifras de este 2017 serán, al parecer, mayores.

La entidad que registró un mayor número de homicidios en 2016 fue el Estado de México con un total de 2,749; pero esta cifra no ha sido ponderada por población y resulta por lo tanto injusta. Es lógico que los estados con mayor número de habitantes tengan más homicidios.

Para obtener una estadística más realista del riesgo, hay que ponderar la suma de homicidios por el número de habitantes. Así, las cifras cambian. El estado más mortífero es pequeño, Colima, con 82 homicidios por cada 100 mil residentes en 2016. Guerrero ocupa el segundo lugar de esta macabra lista con 71. El tercer lugar es de Chihuahua, con 47 homicidios por cada 100 mil habitantes. El país en su conjunto registra 20 homicidios por cada 100 mil habitantes.

El Estado de México, con el mayor número total de víctimas, queda por debajo del promedio nacional en la ponderación y exhibe 16 homicidios por cada 100 mil habitantes, ligeramente arriba de los 14 de la Ciudad de México. Las entidades más pacíficas son Yucatán, con 3 homicidios por cada 100 mil habitantes, y Aguascalientes con 4. Tres entidades tienen 7 homicidios por cada 100 mil habitantes: Hidalgo, Querétaro y Tlaxcala.

México no es, pese a lo que afirma Donald Trump, el país más violento del planeta. El Salvador ocupa esa triste posición con 108 homicidios por cada 100 mil habitantes. Honduras registra 63, Venezuela 57, Jamaica 43 y la República de Sudáfrica 34. Varios otros países tienen también cifras superiores a las de México, pero la verdad es que con 20 homicidios por cada 100 mil habitantes nuestro país sí es uno de los más violentos del mundo. Estados Unidos tiene menos de 5 homicidios por cada 100 mil habitantes, mientras que los países de Europa occidental registran cifras de 1 o menos. Ahí sí se vive sin miedo al homicidio.

No hay explicaciones fáciles. La violencia no parece ser una cuestión de raza o cultura. No es que los mexicanos seamos homicidas y violadores por naturaleza como supone Trump. Las enormes diferencias en los estados mexicanos, por ejemplo, entre Colima y Yucatán o entre Aguascalientes y Guerrero, sugiere que las causas son más complejas. Lo mismo se infiere del hecho que algunas ciudades mexicanas muy violentas, como Juárez, convivan con ciudades muy pacíficas de Estados Unidos como El Paso, a pesar de que la población de la ciudad texana es preponderantemente mexicana y los movimientos entre las dos son constantes.

Ninguna explicación, sin embargo, alivia la muerte ni el dolor de los deudos. Cada día decenas de familias sufren la tragedia de perder a uno de sus miembros por un homicidio. El horror se vuelve cotidiano. Éste es México, el país que todos los días entierra o crema a 65 víctimas de homicidio.

 

Restricciones

Después del atentado de Manhattan, Donald Trump ha ordenado fortalecer las restricciones migratorias, pero el terrorista llevaba años viviendo en Estados Unidos y es originario de Uzbekistán, país no incluido en los restringidos por Trump. El atentado anterior de Las Vegas fue perpetrado por un estadounidense.

 

Twitter: @SergioSarmiento

 


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