ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

La incidencia de delitos –sobre todo los de alto impacto, como el secuestro o el homicidio doloso– en Zacatecas es muy alta, compárese con quien se compare, y así lo demuestran las cifras que maneja tanto el Inegi como el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), u organizaciones de la sociedad civil como Alto al Secuestro, o Semáforo Delictivo, etcétera.

Zacatecas es un estado con una gran extensión territorial (unos 75 mil kilómetros cuadrados de superficie) y, a pesar de ello, tiene una población que no llega ni al millón y medio de habitantes que viven sumamente dispersos en centros urbanos y comunidades que a menudo están muy lejos unas de otras.

Así que tomando en cuenta ambos factores (la alta incidencia y la enorme extensión territorial contra la poca población), es natural escandalizarse cuando nos damos cuenta de que nuestra entidad brilla o destaca a nivel nacional ¡por estar en los primeros lugares de incidencia delictiva! Pero es que, efectivamente, mientras menos población hay, un incremento en las cifras delictivas –por mínimo que sea– hace posible ese repunte en las estadísticas. Es natural la comparación de delitos ocurridos por cada cien mil habitantes, pues es la medición que estandariza los comparativos con otras entidades mucho más pobladas.

Lo que no se vale, es que con esos mismos argumentos trate el procurador Francisco Murillo Ruiseco –o al menos así lo parece– de minimizar o soslayar la preocupación de la gente, y sobre todo de las víctimas y de sus familiares, tan sólo porque “al cabo en otros estados se cometen más homicidios o más secuestros”.

Ojalá efectivamente nunca estemos en el nivel de cifras delictivas que tienen Tamaulipas o Sinaloa o Guerrero, entidades en las que ciertamente se ha disparado la ocurrencia de eventos violentos o sangrientos, pero que en la comparación estadística quedan muy cerca de Zacatecas.

Aquí, con una persona que secuestren por quincena, o una persona que asesinen por día, la cifra estadística también se dispara, pero porque de por sí somos muy pocos. Así que más allá de las matemáticas y las ecuaciones, me parece que debería haber por lo menos más tacto (más manejo político) para no hacer ver como si el problema de la delincuencia en realidad no fuera tan grande como la gente dice que es, sólo porque prácticamente no hay nadie a quien no le hayan levantado o matado a algún conocido, amigo o familiar.

Precisamente por atención a las víctimas y a sus familiares, creo que el manejo de las apreciaciones deberían ser más empáticas y tendientes a sanar el tejido social incluso desde la sencilla muestra de solidaridad, hasta la más decidida y contundente serie de acciones concretas que abatan esas cifras, como la detención de los secuestradores y asesinos que, en la gran mayoría de los casos, siguen sueltos en las calles haciendo de las suyas y lastimando a la sociedad.

¿Cómo explicarle a las víctimas o a sus familiares que en realidad no estamos taaan mal como lo dicen las estadísticas por cada cien mil habitantes, cuando esas víctimas o sus familiares están deshechos por el dolor y el sufrimiento infligidos a sus seres queridos? ¿Cómo explicarles que esas frías cifras son sólo “de papel”, cuando ellos viven en carne propia la pérdida de vidas humanas ya sea por el secuestro o por el homicidio, y esas vidas no son números fríos?

Nuevamente me parece que hubo un error de comunicación, que seguramente costará políticamente en cuanto a la percepción de la sociedad para con su gobierno y su impartición de justicia. No es minimizando el problema, ni poniéndolo en términos estadísticos, como se soluciona. Tampoco lo es comparándolo con quienes están más fregados que nosotros, como consuelo inútil. La solución se tendrá que demostrar en acciones concretas, efectivamente como dice el procurador, en más detenciones, procesos rápidos y condenas altas a quienes han atentado contra nosotros. Pero todo eso, todavía está esperándolo la sociedad en general.


Nuestros lectores comentan

  1. Por la cantidad de habitantes en Zacatecas, debiera ser más fácil mantener controlados a los criminales. El comentario del procurador no solo lastima y ofende, sino que también demuestra que no entiende el significado de las cifras.