Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Uno no establece una dictadura para salvaguardar una revolución; uno hace una revolución para establecer una dictadura”

George Orwell

 

No fue una sola revolución. Al igual que la mexicana, fueron dos y muy distintas: una en febrero y otra en octubre. Para hacer las cosas más complicadas, la revolución de octubre tuvo lugar el 7 de noviembre. Por eso hoy se recuerda el centenario de la revolución rusa.

La primera revolución, la de febrero, fue como la de Francisco I. Madero en México: era democrática y quería acabar con una dictadura. La segunda, la del 25 de octubre según el viejo calendario ruso, 7 de noviembre conforme a la contabilidad actual, creó una de las peores dictaduras de la historia.

La revolución de octubre es ejemplo de cómo un grupo bien organizado y dispuesto a todo, los bolcheviques, puede tomar control de un país con un gobierno débil, como el que surgió de la revolución de febrero. Los bolcheviques eran una facción del Partido Obrero Socialdemócrata, marxista, dirigido por Vladímir Ilich Uliánov, Lenin. Buscaban construir una sociedad igualitaria, en que la población trabajaría según sus capacidades para recibir según sus necesidades.

La utopía no tardó en convertirse en pesadilla. Los bolcheviques ejercieron una represión brutal, más cruel y amplia que la de los propios zares. Mucho se ha hablado y escrito de los muertos por violencia política y hambre en la Unión Soviética, el país que se formó tras la revolución rusa. Aunque se ha exagerado, las cifras realistas siguen siendo monumentales. Sólo durante el gobierno de Stalin, de 1922 a 1953, murieron de dos a tres millones de personas por represión política o étnica. Los muertos por la gran hambruna de 1932 a 1933, producto de la colectivización forzada de tierras productivas privadas, fueron cinco millones (Timothy Snyder, “Hitler vs Stalin: Who Killed More?”, The New York Review of Books, 10.3.11).

La Unión Soviética se erigió como una opción política y económica, ante la democracia de libre mercado de la mayoría de los países desarrollados. Su ineficiencia y falta de democracia, sin embargo, la debilitaron de manera gradual. Primero se liberaron de su control varios países de Europa oriental como Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Alemania oriental, pero la propia Unión Soviética se desmoronó en 1991. Rusia asumió un sistema económico de mercado, aunque con mucha intervención gubernamental y protección de oligopolios. Su régimen político estuvo a punto de caer en el caos; ahora se ha fortalecido, aunque se ha vuelto nuevamente autoritario.

La caída de la Unión Soviética y su imperio generó grandes ilusiones sobre el futuro de la humanidad. El gobierno de Estados Unidos se declaró vencedor de la guerra fría, mientras que el pensador Francis Fukuyama pronosticó el fin de la historia, en el sentido de que todo el mundo adoptaría un sistema liberal democrático.

Las cosas, sin embargo, no han sido tan fáciles. Si bien el régimen soviético fracasó, mucha gente que lo vivió mantiene una visión idílica de los viejos tiempos. Algunos países, como Venezuela, han adoptado sistemas cercanos al comunista, mientras que otros, como Cuba y Corea del norte, los mantuvieron pese al sacrificio de las libertades de los ciudadanos.

A 100 años de distancia, la revolución rusa sigue siendo admirada por muchos, incluso en México. El discreto encanto de la utopía no se ha desvanecido. La revolución rusa, sin embargo, no construyó un mundo igualitario, sino, simplemente un régimen autoritario que se desplomó por su ineficiencia económica.

 

Terroristas

La matanza de Sutherland Springs, Texas, de este 5 de noviembre, con un saldo de 26 muertos, como la de Las Vegas del 1ro  de octubre con 58, fue realizada por un estadounidense blanco. De nada sirven las restricciones migratorias de Trump ante estos terroristas.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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