ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Prácticamente dos meses después de haber presentado su primer balance anual sobre la gestión que encabeza en las instituciones estatales, el gobernador Alejandro Tello Cristerna ayer dio a conocer un paquete de movimientos al interior de su gabinete, mediante los cuales pretende –o al menos eso se entiende– darle un sello más personal y, al mismo tiempo, hacer más eficiente su administración.

Lo cambios hechos, como ya se sabe, son sólo enroques de funcionarios que ya estaban dentro de su gobierno, a quienes movió como piezas de ajedrez en un tablero que, hasta el momento, todavía parece tener muchas piezas de otro jugador, el ex gobernador Miguel Alonso Reyes.

Sin embargo, según dicen quienes aseguran le conocen, las nuevas tareas asignadas a los funcionarios que rindieron protesta ayer en sus nuevos cargos, le permitirá transitar mejor en las áreas de obra pública, administración, finanzas y relaciones públicas, por lo menos. Y eso, según comentan, porque supuestamente sus perfiles dan mejor para los nuevos encargos recibidos.

Ahora bien, ¿qué se gana con estos cambios en realidad? En términos de lo que espera la ciudadanía, en realidad el pueblo sigue esperando lo mismo que desde hace más de un año cuando tomó posesión el Ejecutivo estatal: que se le resuelvan los problemas de inseguridad, salud, educación y pobreza que padecen muchos, y de los cuales todavía no parece haber un camino de salida cierto.

Además, el pueblo sigue esperando que se luche de frente y se castigue la corrupción y se acabe con la impunidad rampante que ha convertido a unos cuantos funcionarios, y ex funcionarios públicos, en “los nuevos ricos del pueblo”, gracias a quién sabe qué formas de enriquecimiento que la gente no se explica, pero que sí percibe todos los días al ver cómo cambian las condiciones de vida de dichos “servidores” del pueblo.

En este tema, lamentablemente tampoco se ha visto un mayor avance en las presuntas investigaciones que se llevan a cabo para deslindar las posibles responsabilidades en que hubieran incurrido esos funcionarios y ex funcionarios, ni tampoco se han visto los mayores castigos impuestos a quienes, teniendo un cargo público, se han aprovechado para beneficio personal.

Vamos, pues, que en pocas palabras todos los cambios hechos por el gobernador, los de ahora y los futuros, llevan más o menos el mismo sino, quizás se les dé el beneficio de la duda por unos cuantos meses, pero la gente sigue esperando todavía más y más del actual gobierno en todas esas esferas, tanto en su quehacer obligado por la función, como por cómo deben hacerlo apegándose a la ley.

Los cambios que se han hecho, acompañados de diversas modificaciones a la ley correspondiente y a la estructura del gobierno, no tendrán ningún resultado positivo si sus baterías se enfocan, desde ahora, sólo a cumplir con una estrategia meramente electoral, que permita darle votos al partido del que emana el Ejecutivo, y no en realidad a tratar de resolver las problemáticas torales que afectan a la ciudadanía.

Las tareas de cada uno de los actuales y de los nuevos funcionarios están más que claras, y la gente se da cuenta cuando esas tareas son aprovechadas para inclinar la balanza electoral hacia un solo lado. Lamentablemente, el hecho de que se den cuenta, no implica que vayan muchos a reaccionar cuando las prioridades de muchos zacatecanos tienen que ver más con el suplir sus necesidades fundamentales y no con la lucha por la democracia o por el respeto a la pluralidad… el hambre, el miedo y la enfermedad son canijas y malas consejeras para construir ciudadanía.

Así que, con toda la carga que eso lleva, démosle pues el beneficio de la duda a los cambios hechos y a los nuevos funcionarios. Total, si se dedican a otra cosa y no a servir, ellos mismos echarán abajo ese mismo beneficio en debido tiempo. Otra cosa será cuando lleguen las elecciones, donde veremos si hicieron bien su trabajo, o no.


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